MI HERMANO
Por
Carlos Mellizo
Ahora que pasa el tiempo más despacio
y que tiene más sitio la memoria,
me acuerdo con frecuencia de mi hermano.
No hay normas fijas para hacer que venga,
se me aparece sin motivos claros.
De pronto resucita de la muerte
que nos lo arrebató hace tantos años,
y vuelve para estarse con nosotros
y conversar de sus asuntos clásicos:
Bola de Nieve, los versos de Walt Whitman,
un relato de Borges o de Sábato,
tal o cual episodio de su invento,
generalmente insólito y fantástico;
historias de viajes y de tenis,
cuentos de desenlace inesperado.
Sorprender, asombrar, dar aire nuevo
al existir ramplón y chabacano
que todos padecemos cada día,
por el hecho de haber nacido humanos.
Siempre quiso Felipe ser distinto,
diferente en lo bueno y en lo malo.
Felipe tan simpático y alegre;
Felipe tan sombrío y tan amargo.
No hay razón que lo explique, como digo,
pero me acuerdo mucho de mi hermano.
De pronto, sin anuncio, me visita
y aquí lo tengo, vivo y a mi lado,
lo mismo que si fuese de verdad
y de verdad estuviésemos hablando.
Agosto, 2011