Protegido: UNA NOTA PRELIMINAR, QUE DEBERÍA LEERSE AL FINAL

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Triste y lejano suceso familiar que comparto con dudas a pesar del tiempo pasado.

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La cosecha de series nunca se acaba (A propósito de Arde Madrid)

En mi muro hay más de 250 guionistas con mayor o menor éxito. Cada uno de ellos, tirando por lo bajo, genera docenas de conceptos al año, ideas que se sueltan en un bar, en la oficina, o en el metro. Sirviéndome de mi propia experiencia entre cinco y diez de esos partos llegan a ocupar más de un folio, y un par de ellos superan los cuatro folios -lo que podría ser la “pubertad” de estos documentos nacidos de la nada- (Por supuesto que también están los conceptos que nos llegan desde arriba, por encargo o imposición, pero este post no va de eso). Solo con los colegas que merodean por mi FCBK hablamos de cerca de 2000 argumentos justificados con propuestas más o menos acabadas de personajes y tramas… ¡Cada año!, 10.000 en cinco años. Ampliarlo a toda España da pavor, por no hablar de ámbitos mayores.

Con este chaparrón de ideas conseguir que algo sea original tiene que ver más con la combinación de elementos ajenos a la pura historia, la mezcla de géneros, la creación de entornos imposibles, el casting propuesto, la suerte, y sobre todo con la persona que va a tomar las decisiones finales durante la grabación de la serie, desde el color del pelo de un personaje hasta la forma definitiva de cada una de las frases del guión. De modo que cuando alguien viene a verme presumiendo de haber encontrado algo original sin añadir el “yo creo” por delante pienso que me está tomando por idiota, que es un novato, o ambas cosas.

La pena es que muchos de estas series que parimos se quedan en el camino, y no siempre porque sean malas ideas: Simplemente es que no caben todas (No le demos más vueltas. Yo me imagino en el papel de cualquier director de ficción y cuando viera el volumen de lo que me han enviado me pongo a correr como Forrest, o me juego cuál cojo a pares y nones antes de tener que sentarme a escuchar las manidas bondades de los proyectos por boca de sus promotores.

Como la mayoría de vosotros he dejado infinidad de cadáveres por el camino. Series que estoy seguro que hubieran hecho un gran papel (Todos tenemos esa sensación). Ahora, con el estreno de “Arde Madrid”, me viene a la cabeza “Chicote 1955”, un proyecto que desarrollamos con una productora que al separarse sus socios dejó en el limbo audiovisual aquellos archivos. Yo creo que fue en 2007 cuando la escribí junto a Víctor Mato y Víctor García, con el apoyo de los propietarios del conocido local de la Gran Vía. Policías del “Movimiento”, camareras, comunistas infiltrados, limpiabotas, reinas del Pasapoga, actores de Hollywood poniéndose ciegos en el sótano de los féretros, toreros, cantantes… Qué pena.

También recuerdo el biopic seriado que Arranz y yo preparamos con ZEBRA sobre Luis Miguel Dominguín:

“Madrugada. Sótano de Chicote. Ava y Luis Miguel beben y ríen. Ella se descalza y baila: está bebida. Cae sobre Luis Miguel y le dice que si conoce algún sitio en el que los dos puedan estar más tranquilos…”.

“Luis Miguel se despierta en la habitación de un hotel. Ava está en la cama, entre las sábanas. Él se viste. Ella le pregunta: “¿A dónde vas ahora?” y Luis Miguel le responde: “¿Dónde voy a ir? ¡A contarlo!”.

PD: Desde hace años siento que cada serie que veo es un “déjà vu”. Supongo que será por viejo y envidioso más que por instruido y creativo. Creo que fue Séneca quien dijo aquello de “las canas no significan que hayas vivido más, sino que has durado más”.

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Yo confieso… Que he copiado.

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No soy cirujano, ni político, por lo que puedo decir sin rubor -ni graves consecuencias- que a lo largo de mi vida he copiado lo que he podido -que es mucho menos de lo que hubiera deseado-. Probablemente todo empezó cuando pinté mis primeros garabatos, lo que me condujo en pocos años a recortar páginas enteras de enciclopedias y pegarlas en cartulinas para mis trabajos, o directamente a teclear contenidos de otros buscando sinónimos para no ser descubierto -como hice en la Universidad-. Hoy, con el CUT and PASTE de los ordenadores todo es más sencillo, pero también es más fácil descubrir a quien lo hace, simplemente consultando textos y frases en los buscadores.

De entre todo lo que he calcado o copiado destacaría, por su permanencia en el tiempo y “originalidad”, unos textos que algunos compañeros guionistas recordarán: A finales de 1995, cuando diseñábamos los personajes de una nueva serie, cayó en nuestras manos un libro, un horóscopo chino. Estábamos cansados de diseñar personajes para tantos proyectos como los que lanzábamos entonces -todos exitosos-, y ya habíamos agotado las referencias de familiares y amigos cercanos, cuando nos encontramos con un montón de definiciones que nos venían “al dedo”: “El hombre rata”, “La mujer serpiente”… Y todo el resto del  animalario creado supuestamente por Buda, con versiones para ambos sexos. No dudamos ni un segundo. Con la ayuda de otro guionista los añadimos a los perfiles, sabedores de que los ejecutivos de entonces nunca leerían más allá de los seis primeros folios, y la biblia se cerró, la serie se emitió, y todos tan contentos.

Poco después me llegó una biblia de otra serie, y ¡Sorpresa! Cuando llegué a los personajes reconocí inmediatamente las líneas que yo mismo había copiado del horóscopo, con alguna modificación que introduje, lo que venía a decir que el guionista había copiado de mi documento, aquello que yo había copiado del libro.

Durante años estuvimos viendo aquellas frases circular por los perfiles, serie tras serie, hasta que esas pequeñas modificaciones que cada uno añadía fagocitaron el texto original.

A sabiendas de que esto no suena muy profesional lo cuento.

Saludos a J.V.P y demás implicados.

(Ah, la imagen tampoco es mía, la he copiado…).

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LA VIDA DE LOS DOCUMENTOS DE VENTA (según San Mellizo)

En 1993 Valdivia y Contreras, los mayores del grupo de amigos que salimos de RADIO EL PAÍS y sus alrededores, ya se habían enfrentado a muchos documentos en los que, con mayor o menor fortuna y gusto, se intentaba vender un programa de televisión a una cadena de las pocas que teníamos entonces.  A mí me tocó defender alguno con la productora en la que trabajaba mi padre y eran un verdadero tostón.  Aquellos “informes” eran toscos, poco atractivos, y “producción y presupuesto” tenían más importancia que el contenido.

De ahí, a los documentos de principios de los 2000 cuando nos encontramos con complejas manualidades, como aquella del féretro que se abría y en su interior, escrito con tipografía aterradora (“CHiller” ), se encontraba la descripción del malísimo formato en páginas con bordes quemados, o el no menos aterrador reinado del “power point” del 2010, los documentos se han mejorado, empeorado, e incluso algunos han tomado a los “compradores” como imbéciles a los que se engaña con un poco de color  y tres destacados, creando estupendos entretenimientos con los que se camufla lo importante.  Por suerte hoy, los más espabilados, piden dos versiones: Con y sin artificios.

Nuestro modelo de “documentos” nació, como decía, en 1993, cuando combinamos nuestros gustos y criterios personales con los que nos aportó un libro “Writing long running 31Oj3KPk84L._SL500_SX312_BO1,204,203,200_televisión series”. Puede que fuera Manolo quien lo trajera, pero a un servidor, por esa cosa que tiene mi pasado anglosajón, le tocó traducirlo (solo se encontraba en inglés y catalán). En ese libro encontramos la confirmación de algunas de nuestras teorías sobre ficción, además de descubrir otras que nos han servido mucho y bien hasta hoy. Durante años lo recomendé a los alumnos que me tocaba aburrir y muchos de ellos han asumido sus contenidos sin saberlo, ni entenderlo.

En el libro, de Julian Friedmann y Pere Roca, escribían grandes creadores y gestores de contenidos de entonces, como Caryn Mandabach (Roseanne, Cosby Show, 3rd Rock…), o uno de los editores de guiones de “Eastenders”, serie que junto a su rival galesa -ahora no me acuerdo del nombre, quien quiera que lo busque- fue una fuente de conocimientos para muchos (como lo fuera para los de Goenkale, con los que entonces compartimos información gracias a una joven ETB).

Aquel libro explicaba como “indexar” el contenido y casualmente coincidía con la idea que teníamos: “Concepto-Tono-Tema-Casting… Y suerte” decían -cuánta verdad-. Hablaban de muchas cosas, como que había seis fases en la creación de una serie, y la sexta decía: “Si hay éxito recompensa para los no implicados, y si se fracasa BLAME IT ON Timages 23HE WRITER”… Qué gracia verdad. Sacaron un segundo volumen, el libro azul, que también traduje, y empezamos a fabricar aquellos DOCUMENTOS DE VENTA con ese ÍNDICE que tantas veces he repetido en oficinas, aulas y hasta en los bares cuando se me va la pinza, y que con el tiempo hemos ido ampliando para explicar lo que queremos cuando lo necesitamos (FICHA- INTRO-CONCEPTO-TONO-TEMA- FACTURA FORMAL- PERSONAJES PRINCIPALES- SINOPSIS-PERSONAJES SECUNDARIOS-ARGUMENTOS- DECORADOS-RELACIONES-ARCOS, MAPAS DE TRAMAS, ESCALETA TIPO… supongo que otros llegarían a lo mismo por su cuenta, pero ese fue el nuestro). A veces metimos citas, otras veces fotos, pero tardaban un huevo en descargarse con el MODEM de 14.400 (el porno era aburridísimo de descargar), o diálogos de referencia y documentación.

Con el 21 como referencia mágica (por lo de las tres semanas en las que producíamos un guión de aquellos -ESCALETA/DIÁLOGO/CORRECCIÓN-) Nos lanzamos a escribir diciendo que los “Documentos de venta” debían tener 21 páginas… ¡¡¡¡DE TEXTO A 60 líneas!!!!!! Y como consecuencia las “biblias” se nos fueron por encima de las 200!!!!! Pero esa es otra historia. Hoy solo hablaba de los documentos de venta, y ya me estoy aburriendo. CIAO.

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La suerte y Mrs P

Soy un tonto con suerte, al menos hasta hoy. Lo sé. Es así y desde siempre. Nadie que yo conozca ha llegado tan lejos con tan poco merecimiento. Tuve suerte con unos padres con los que se aprendía más en una hora de conversación que en el colegio en meses, o años, compensando así mi mala cabeza; suerte de que mis progenitores se rodearan de  miles de libros, que tuvieran familias solventes, y de que viajaran mucho y prohibieran poco; suerte de no romperme la espalda corriendo con motos y bicis robadas, o de sortear a la policía en cualquiera de los cientos de pequeños delitos en los que intervine por pura inercia, porque necesidad, por suerte, no tuve nunca. Que me echaran de casa siendo un adolescente fue una suerte, y lo fue también el que mi padre saltara a la fama justo cuando me fui a vivir con él; suerte tuve de no ser estrangulado por algún mando militar cuando pasé por el ejército, y fui sumamente afortunado con las mujeres que me rodearon, quisieron, y odiaron, porque siempre me empujaron hacia adelante tratando de sacar lo mejor de mí. Suerte tuve de que me preguntaran justo lo que sabía en las pruebas de acceso a la Universidad para mayores de 25 –fue una suerte también ahorrarme los años intermedios de estudio-, o de no matarme haciendo el imbécil en los años de los documentales, cuando tuve la suerte de conocer todas y cada una de las esquinas del mundo. Solo la suerte pudo evitar que fuera gravemente herido en algunas peleas de parque, bar, o plaza; o que me estampara borracho con el coche contra un muro o dos. Una suerte fue coincidir con un grupo también afortunado de periodistas y artistas, en el momento y lugar exactos para vivir la explosión de la industria audiovisual en primera fila. Suerte de conocer a José Miguel, Andrés, Albéniz, o Felipe. Eso por no hablar de la suerte que fue que lo que escribiera entonces tuviera tanto éxito. Suerte de tener los amigos necesarios en cada momento de mi vida y de mantener la amistad con algunos de ellos después de más de treinta años. Suerte de que mi corazón no reventara por las drogas y suerte de tener un hijo sano, listo, y a todas luces más maduro que yo. Suerte de haber caído varias veces sin que me quedaran marcas profundas. Suerte de poder pagarme cualquier capricho y suerte de no ser muy caprichoso. Pero sobre todo soy afortunado por haberme cruzado en el camino de Mrs P. Esa suerte vale más que todas las anteriores juntas y me hace fuerte, invencible. Un 4 de agosto de hace 18 años, tras haberla perdido para siempre conseguí que me diera una segunda oportunidad. Y así hasta hoy. Ella es la culminación de mi suerte. La obra maestra de la fortuna.

 

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Sobre relojes inútiles y juicios absurdos

Tengo muchos relojes, la mayoría baratos y horteras. Han sido “otro” de mis vicios desde que una de mis hermanas estallara contra el suelo el flamante reloj “Duward” que me habían regalado por mi comunión. Es vital que sean inútiles, baratos, coloristas… Lo de la hora es secundario: Los tuve con lupa, con agua, con juegos. Negros de “Texas Instruments”, con radio y auriculares, modulables, de cuerda, pila, automáticos. Robados, comprados, regalados… A una de mis parejas le regalé uno con grabadora, que diariamente le informaba de viva voz que había llegado la hora de tomarse “la pildorita”, y cuando completaba el perfil del personaje de “Chechu” en “Médico de familia” le regalé esta afición mía por el reloj absurdo al personaje.

Guardo muchos, pero pocos siguen funcionando. Hoy llevo uno que casualmente tuvo su importancia -poca, pero la tuvo- en el juicio contra Frade, cuando nos acusó de haber plagiado un proyecto suyo para hacer la serie de Emilio Aragón. Durante la vista se lo mostré al juez para ilustrar de dónde salían los personajes, y le recordé que “Chechu”: “Lleva relojes en los que lo menos importante es la hora” (como señalaba la biblia), mostrando este mismo reloj en un gesto teatral y ridículo.

reloj

Puede que fuera lo que terminó por convencer al juez de que no había plagio ¡QUién sabe! Bromas aparte, lo que está claro es que los que escribimos aquello no tuvimos más referencia para crear la serie que nuestra cultura audiovisual -más o menos americanizada- y nuestras experiencias personales, y si “otros” hubieran intentado decirnos algo con seguridad nos habría entrado por un oído y salido por el otro, porque entonces no éramos muy de recibir directrices salvo si eran gastronómicas (Por cierto, en la noticia dice “Lo leído en la sinopsis…”, y es incorrecto porque no leímos nada de aquello, ni tuvimos constancia de su existencia hasta que nos dijeron que nos habían demandado como se indica antes).

abc

 

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