SECRETOS DE PERSONAS Y PERSONAJES

Estaba fascinado por ella. Su energía y alegría alejaban la monotonía de mi vida. De ese modo manipulé mi entorno todo lo que pude hasta conseguir que coincidiéramos en una serie: “Menudo es mi padre”, en el invierno de 1995-1996. Empezamos a vernos con mayor frecuencia, siempre acompañados, y disfrutábamos de largas comidas en estupendos restaurantes, fiestas hasta el alba, y reuniones en casa de amigos en donde no dejaba de agasajarla. Nunca he sido un conquistador, de modo que asumí que simplemente le caía bien y que la cosa no iría a más porque además, ambos estábamos casados.

La alegre frustración por no poder “tenerla” pero estar siempre con ella me volvía loco y me alejaba de mi mujer y de mi hijo de seis años, hasta hundirme en una espesura que no podía terminar bien, y cuando ella se marchaba con su pareja yo me negaba a volver a casa, apuntándome a cualquier lío que hubiese en la ciudad.

Podría contar mucho acerca de aquello y de cómo afectó a mi vida hasta hoy, pero lo importante para esta página de anécdotas y opiniones sobre ficción es que encontré un vehículo para expresar mis sentimientos y el conflicto interior que vivía, poniendo en boca del kiosquero todo lo que pasaba por mi cabeza, aprovechando que éste (interpretado por el desaparecido Joan llaneras) tenía una secreta relación con otro de los personajes… Cada línea que decía, cuando eran capítulos míos, estaba dedicada a ella y a nuestra invisible relación sin que nadie lo supiera.

[Por cierto, como prueba de que IMDB no vale de mucho está la ficha que tienen de esta serie creada en origen por Felipe Pontón, liderada por Manolo Valdivia como “showrunner”, y en la que fui co-productor ejecutivo y guionista en más de dos temporadas… Pero ni figuro -salvo en el “homenaje” que me hicieron mis compañeros al bautizar al gran Cesáreo Estébanez como “Felipe el trampas”-. Así como no figuro tampoco en las fotos de equipo, porque me importaban un rábano y claro, así me fue].

Ah, veintitrés años después ella y yo seguimos juntos y haciendo series…

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QUIÉN ES ¿QUIÉN? (Opinión vs criterio)

Admirado aspirante a guionista, aficionado, tránsfuga de otras áreas, ejecutivo con inquietudes, mitómano, o simple curioso del guión: Cuando en cursos y otros foros alguien te hable de cómo hacer series solo hay una pregunta que hacerle para saber si has invertido bien tu tiempo y tu dinero: “Tú, lo que es hacer-hacer ¿Qué series has hecho que se hayan emitido? Osea, de sentarse a escribir en un folio en blanco… Y si no las escribías ¿Qué aportabas? ¿Cámara? ¿Realizador? ¿Actor? ¿Productor?” (Y que no te responda a “¿Qué series has visto?” que es algo que está muy de moda hoy -cuando cualquier debate sobre contenido se convierte en un deprimente trivial sobre títulos en el que quien falla queda inmediatamente inhabilitado como prescriptor-). Una vez que te lo aclare, que añada -por favor- en qué grado participó: Jefe que suelta una idea al aire y se pira, propietario de la productora, jefe que se encargó de encargarla, jefe que se implica y redacta y corrige todos los días de sol a sol, jefe que viene de visita de vez en cuando disfrazado de creativo, jefe colaborador que deja que cada uno haga su trabajo, becario que estuvo encanutillando hasta que le sangraron los dedos, becario que buscó erratas en la biblia, becario que simplemente estuvo, ejecutivo encargado de la pre-venta, guionista junior encantado de conocerse y de ver Juego de Tronos, redactor de casi todo poco valorado, autor de dos secuencias, de un capítulo con compañero, de un capítulo a solas, de varios…

…Y es que hay muchos grados de participación en las series. Yo, por ejemplo, he trabajado (cobrando) en más de veinte (emitidas). En algunas simplemente he “parecido”, como en Cuéntame -que figura en mi curriculum-, serie en la que colaboré durante el “mapa de tramas” de una temporada -la del baloncesto, sobre el ciento y poco- y en la que escribí la primera versión de un capítulo (¿106?, no sé, pero por ahí lo guardo. Al poco tiempo me fui a otra productora sin haber convencido a Eduardo, Alberto, ni a su jefe Bernardeau, pero me gané su amistad hasta el punto de que poco después me llamaron para llevar los contenidos de otra producción, “UCO”… No fue una gran participación). En otras series he “sido”, me he dejado la vida -literalmente- durante su génesis y desarrollo, controlando todo mientras me lo permitieron y sin ningún tipo de supervisión o corrección en el contenido, como “Periodistas” en sus primeras temporadas (desde la marcha del equipo inicial -que ya conté en otro post- hasta la tercera temporada). Y es que, aunque cada experiencia suma, no es lo mismo ser que parecer. Algunos esparcen sus conocimientos con solo un par de capítulos de experiencia -o menos-, y otros añaden a su mochila curricular hasta el día en el que visitaron el plató con el colegio, y aunque puedan tener opinión está no se vuelve criterio hasta que no se acumulan suficientes experiencias como para sacar conclusiones.

Sobre opinión y criterio hay mucho escrito, y todo en la misma línea. Como yo lo veo -y no es original- la opinión sale de forma natural, son respuestas viscerales y todos tenemos las nuestras alojadas cerca del duodeno -o del tuétano-. Con una leve motivación opinamos sobre cualquier cosa. En un medio con tan poco tiempo para la reflexión como el nuestro abunda la opinión, y si uno la acompaña de vehemencia y se apoya inteligentemente en cuatro datos y nombres bien escogidos, puede llegar lejos, convirtiéndose en una referencia con solo dos condiciones: ganas – o necesidad- y opinión. Si aparece el elemento final, que es la oportunidad, no necesitamos más. bueno sí: Para compartir conocimientos conviene tener cierto talento comunicador, los conocimientos y el criterio son secundarios.

Muchos son los que participan en una producción, normal. Estamos a mitad de camino entre lo industrial y lo artesano y a la hora de “HACER” una serie hay muchas sabidurías en juego, como en la Fórmula 1 o el fútbol. Si yo quisiera aprender pediría que cada uno me hablase solo de aquello en lo que participa de verdad -el mecánico de mecánica, el analista de sus datos, el médico de las lesiones, y el dueño del club de sus inversiones y proyectos-. Cuando uno habla de algo que hace/hizo OTRO te está engañando, o está opinando, que es otra cosa, y no digo que no sea útil -hay opiniones muy brillantes, y para eso están los críticos y estudiosos- pero no es una experiencia.

En definitiva: Si quieres escuchar algo que realmente sea útil para tu carrera infórmate bien sobre los ponentes para distinguir entre opinión y criterio y elige bien a quién creer, a quién pagar, y a quien seguir. Ahora, que si realmente buscas RRPP, o simplemente trabajo, muestra una amplia sonrisa y pregunta a tus interlocutores de manera que puedan sacar lo mejor de sí mismos… Hoy, cuando todo se mueve siguiendo reglas de efectismo y marketing, es lo más recomendable para tener una vida económicamente saludable (y si hay algo en tu aspecto que llame la atención, te aseguro que triunfarás, que como me dijo una vez un conductor de un coche de producción: “Es mejor ser listo que inteligente).

[Y vuelvo a recordar que ni la WIKIPEDIA, ni el IMDB son dogmas de fe. Hay gente que las alimenta como extensión de su ego, e incluso los hay que tienen a otros encargados de hacerlo].

Mellizo

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Ni 1984, ni leches: ¡Viva Luis Antón!

Aprovechando la efeméride del aniversario de la publicación de “1984” de Orwell me gustaría denunciar el ninguneo al que se ven sometidos un grupo de grandes creativos, escritores, periodistas y fabuladores, hombres y mujeres que publicaron sus obras cortas en una serie semanal, a principios del siglo XX, bajo el título de “El cuento semanal” o “La novela semanal”.

Como ejemplo de la felonía basta recordar que treinta años antes de la efeméride del libro de Orwell que hoy se celebra -sobre todo en el mundo anglosajón-, o veinte antes de que Huxley publicase “Un mundo feliz”, Luis Antón del Olmet había publicado “La verdad en la ilusión”, un relato en el que el protagonista viaja al futuro, apareciendo en una urna de un museo y relacionándose con los habitantes de esa realidad distópica (que no utópica) hasta que hastiado decide volver.

Otros autores del mismo grupo escribieron sobre viajes en forma de espíritu para contactar con un ser querido a través de un medium, sobre las relaciones entre personas del mismo sexo (“La risa del fauno”), sobre la guerra… Solo un par de ellos consiguieron trascender. La mayoría desapareció en los años de la Guerra Civil, muertos en combate, fusilados, o fugados a México y Estados Unidos. Incluso entre ellos los hubo que, dirigiendo dos periódicos rivales, acabaron matándose (uno mató y otro murió, claro está) por una mujer durante el estreno de la obra de uno de ellos en el teatro Eslava.

Llevo diez años queriendo hacer una serie sobre estos creativos, o sobre sus obras que están perfectamente estructuradas para ser llevadas a la pantalla, y así evitar que desaparezcan, como desaparecen cada día otras obras literarias increíbles. He presentado el proyecto mil veces, y lo seguiré haciendo -no dudo que otros lo estén intentando también- , y por supuesto que no tengo ninguna paternidad sobre algo que no he escrito, ojalá a alguien le hagan caso.

Que no se aproveche este material es tan vergonzante para nuestro país como que no tengamos una puñetera serie sobre los Episodios Nacionales… He dicho. †


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Una canción triste que me alegra y un recuerdo alegre que me entristece.

Supongo que muchos lo sabrán, pero aquellos locales de ocio que conocimos como KEEPER, con ese logo equino tan popular, nacieron en El Escorial en los años setenta. En mi infancia fue uno de esos lugares míticos, referencia constante de los primos mayores de nuestra familia. Tiempo después la franquicia se extendió a la ciudad de Madrid, y de allí a la costa.

Su primera “sucursal” estaba en la calle Alcántara, y a principios de los años ochenta la visitábamos con bastante frecuencia. Nos reuníamos en aquel pequeño pub con nuestro amigo Javi Rubio -nuestro anfitrión, que seguía los pasos de su hermano mayor, Alejandro, y desde allí salíamos en busca de cachondeo hasta donde fuera necesario, desde Cercedilla a Torrevieja pasando por El Perelló. Química y polen no faltaban nunca, y tampoco la música.

En aquel pub de la calle Alcántara había una camarera simpatiquísima cuyo nombre he olvidado. Era bajita y habladora, y cada día ponía el mismo tema para animarnos antes de salir del local. Una canción mítica: “American Pie”, que, partiendo de un detonante triste (la muerte en un mismo accidente de Buddy HollyRitchie Valens y The Big Bopper , un evento conocido como “El día en el que la música murió”), tiene un crescendo que te hace acabar saltando y tarareando, ajeno a la desgracia.

En un giro triste del destino aquella chica que nos animaba con esa canción murió, en un accidente con su moto si no recuerdo mal. Keeper abrió otro local en Juan Bravo y con los años nos olvidamos de ella, pero cada vez que escucho la canción de Don MaClean la recuerdo, y por irónico que parezca acabo saltando y tarareando como entonces.

[Si no te permite ver esta extraordinaria versión puedes buscarla en YOUTUBE, tecleando Don Mclean performs live at BBC, por ejemplo]

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Telemadrid, yo, y todo lo demás (XXX aniversario)

A mediados de los ochenta, cuando mi padre gozaba de una fama considerable y yo intentaba destacar como imbécil con una adolescencia inusitadamente prolongada, aparece el embrión de lo que luego fuera TELEMADRID. En aquellos días se había decidido el himno y la bandera de la recientemente constituida comunidad autónoma, efemérides ambas que pude seguir de cerca dada la extraordinaria relación que mi padre tenía con algunos políticos socialistas (especialmente el presidente Leguina). Por nuestro piso de Julián Romea pasaban a conversar, beber, y negociar grandes personajes de entonces (Miguel Ángel Aguilar entre otros, Director General de EFE en esas fechas), y yo les escuchaba debatiendo sobre aquella futura televisión autonómica sin prestarles mucha atención, deseando que mi padre dejase de aporrear el piano para decirle que no me esperase despierto esa noche, ni la siguiente.

Para evitar que pudiera meterme en negocios peores –si es que los había- mi padre decidió incluirme entre los becarios del proyecto de televisión autonómica que, según creo, lideraba Martín Maqueda (al menos él es quien firmó mis documentos).

Recuerdo perfectamente aquellas oficinas de la calle Miguel Ángel, en donde ahora se ubica la Dirección General de la Policía. Era un semi-sótano, que daba al luminoso patio interior, con un bar cercano que servía unas estupendas croquetas en donde era habitual encontrar a mi viejo, trabajando. Recuerdo hasta unos planos de lo que debía ser el edificio “que ocupase” la cadena y que nunca se levantó (años después, y tras barajarse otras localizaciones que también recuerdo, se inclinaron por La Ciudad de la imagen).

A falta de actividad “televisiva” mis superiores, con Manolo Cerezo a la cabeza, me incluyeron en otro de sus proyectos, Onda Madrid, pero ante mi contrastada ineptitud decidieron enviarme durante unos meses a Radio 80, por ver si aprendía algo (tiempo perdido). Eran los años duros del “Novoprem” en el piso de arriba del Dalt Vila, de modo que mis sinapsis apenas retuvieron datos, pero recuerdo a Abellán y su señora, o algo así, y un concierto aburridísimo en el Centro Cultural de la Villa de un tal Labordeta (entonces desconocido para mí) .

A los pocos meses me marché, o me marcharon, y apenas tuve contacto con el ente (solo un par de intentos de venderles documentales) hasta que en 1991 me llamó José Miguel Contreras para darme la oportunidad de trabajar como guionista a sus órdenes, lejos de la autoridad de mi padre. Sin dudarlo dejé los documentales que estaba haciendo para integrarme en un equipo que, con bastante éxito -y más mérito- , consiguió colocar a Telemadrid como líder de audiencia en la Comunidad [En competencia con las cadenas estatales].

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Pilar B, Felipe M, José Miguel M, Carmen O, Ricardo C, Jaime G, Teresa M (En la redacción de La Noche se Mueve. Faltan Javier R, Javier PDA, Blanca R). Calle Fernández de la Hoz.

De aquel grupo salieron decenas de formatos, y programas concretos, que aún hoy siguen alimentando a las cadenas de este inestable “país televisivo”. Informativos novedosos y creíbles, estupendos reportajes con cámara al hombro, espacios de realidad, programas de entretenimiento, entrevistas, deportes, y lo que luego se convirtiera en el centro de mi profesión: Las series, con Colegio Mayor como proyecto destacado. Por suerte pude participar en casi todos ellos, desde “La noche se mueve”, hasta “El Friqui”, pasando por el “Subybaja”, y algunos programas de Fin de Año de los que guardo gratísimos recuerdos.

Aún mantenemos amigos en la casa. Muchos con tintes heroicos. EL más destacable, para mi y por proximidad, es Javier Rodríguez “Rodri”. Hay otros, como Alipio, Reyero, Simón, etcétera con los que ya no he vuelto a coincidir, pero a los que siempre recordaré, así como a Pepe Pastor, productor y nuestra némesis en algunos momentos .

Ahora se cumplen treinta años desde que empezaron sus emisiones y me acuerdo de aquellas oficinas de MIguel Ángel como si fuera hoy. 

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Mixtificaciones sobre Malasaña con permiso de Silvestre Paradox.

Mi familia, al menos la parte humilde, vino a Malasaña hace más de cien años. Entonces el barrio era ruidoso. Los mercaderes vociferaban en “La corredera” y los borrachos cantaban a la luna. En los patios había hasta vacas y el olor a mierda se confundía con el del humo de las primitivas estufas de carbón. Por la noche las sombras bailaban escapando del “sereno” y perros, ratas y rateros campaban a sus anchas dejando los tejados para los gatos y mochuelos. Mi abuelo era hijo de un músico sin éxito. Estudió “Caminos” en la Universidad de San Bernardo a base de mucho talento y poco dinero. Vivía en Divino Pastor. Los Mellizo nunca dejamos el barrio. Yo regresé en el 2000. Ahora el barrio mola. Ricos compran casas porque queda bien y se puede especular con ellas, y sus hijos presumen de ser de aquí pero se mueren de miedo cuando les pide la hora uno de los borrachos de San Ildefonso -que son más del barrio que ellos- y denuncian al que canta de madrugada, al que pide a voces, al latero, al que mea, al que pinta, al que grita su dolor, al que se busca la vida… Cuando las calles estén en silencio, vacías a las once; cuando nadie compre, nadie cante, nadie camine a solas salvo ellos, y los perros, ratas, gatos, y mochuelos, a ver si también les mola el barrio. Pijos del orto.

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Mis “Jefas”

Como ya he contado antes me acostumbré a tener “jefas” desde muy pequeño, pero claro, aquello era una trampa machista. En mi entorno las mujeres tenían mucha autoridad en cuestiones logísticas, reproductivas -que no sexuales- , o digestivas, pero las “grandes decisiones” se reservaban para los hombres. Después vinieron los años de las “maestras”, que luego se convirtieron en “profesoras”. Pocas veces se libraban de tener un superior masculino, fuera laico o religioso. En mi pequeño mundo siempre fue así.

Cuando empecé a trabajar  tuve una primera “jefa” no familiar. Era en Radio Cadena Española y creo que se llamaba Carmen, pero no puedo asegurarlo. Carmen, técnico de sonido, reinaba en un estudio de grabación y yo era su becario. Esperaba a Ricardo Fernández Deu, que presentaba Madrid 657 (díal de Onda Media) haciendo punto -en serio-, mientras me permitía jugar con la mesa de mezclas. Era una gran profesional y mejor persona.

En el ejército post-franquista no había mujeres, como es sabido. y en el tiempo que trabajé en la radio las había, pero nunca con autoridad real ni grandes responsabilidades (aunque fueran excelentes profesionales).

Jefa mía fue también Amelia -Meli- Guardiola, en el Máster de Periodismo de EL PAÍS, quien no sabe -hasta hoy- cuánto me ayudó a creer en mí, justo cuando peor valorado y más despreciado e inútil me sentía por compartir espacio con gente tan brillante como los elitistas alumnos y profesores de Miguel Yuste. A pesar de los esfuerzos de los directores aquello no hubiera funcionado hasta hoy sin ella, y yo tampoco.

La primera jefa-jefa que conocí fue Josefina Castellví, en La base Juan Carlos I de la Antártida. Mi contacto con ella fue breve: Yo era el último mono, y ella la jefa de un equipo que trabajaba en un lugar en donde un error físico cualquiera se puede pagar muy-muy caro, un ambiente tradicionalmente reservado para “siete machos” que ella se encargó de desmitificar convirtiéndose ella misma en un mito (Vease el documentl “Los recuerdos del hielo”) .

Mis siguientes “jefas” fueron Carmen Olivera y Pilar Blasco, en “La noche se mueve”. Entre las dos se repartían las tareas de organización, corrección, y producción del programa, haciendo que nuestra tarea fuera más eficaz. Por suerte y merecimiento ambas han triunfado, y son para mi como de mi familia.

Después vinieron años de sequía. La proporción de mujeres en puestos de responsabilidad relacionados con las series de las empresas para las que yo trabajaba era muy baja, y de cada diez curriculums que llegaban a la oficina nueve eran de hombres. Con el tiempo esto fue cambiando y profesionales como Pilar Nadal, Esperanza Martín, o Montse Fernández Villa fueron “empoderándose” (aunque siempre tuvieran por encima a un tío). Mientras, en las cadenas, también crecían en saber y gobierno profesionales como Sonia Martínez, Reyes Baltanás, Finocha, Elena Sánchez (su muerte fue una gran pérdida), Macarena

Elena y Macarena me supervisaban cuando hacíamos aquellos documentales de la serie “Valores humanos” para Canal +, y después tuve como jefas a Adriana Velasco (DRIVE y BOOMERANG CINE), Natacha Kucic (ZEBRA), Emanuela Spinetta (ZEBRA) y Carmen González (Máster de Globomedia).

Mi última “jefa” -por ahora- ha sido Pilar, mi pareja, showrunner y productora ejecutiva de “Águila roja” ¡y la más exigente de todas!

Además de ellas debo añadir a las que compartieron responsabilidades conmigo y que han liderado equipos desde siempre y con éxito, como Ana Maroto, Begoña Álvarez, Laura Belloso…

Pues nada, celebrando el Día Internacional de la mujer, estas son mis “jefas”.

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