La suerte y Mrs P

Soy un tonto con suerte, al menos hasta hoy. Lo sé. Es así y desde siempre. Nadie que yo conozca ha llegado tan lejos con tan poco merecimiento. Tuve suerte con unos padres con los que se aprendía más en una hora de conversación que en el colegio en meses, o años, compensando así mi mala cabeza; suerte de que mis progenitores se rodearan de  miles de libros, que tuvieran familias solventes, y de que viajaran mucho y prohibieran poco; suerte de no romperme la espalda corriendo con motos y bicis robadas, o de sortear a la policía en cualquiera de los cientos de pequeños delitos en los que intervine por pura inercia. Que me echaran de casa siendo un adolescente fue una suerte, y lo fue también el que mi padre saltara a la fama justo cuando me fui a vivir con él; suerte tuve de no ser estrangulado por algún mando militar cuando pasé por el ejército, y fui sumamente afortunado con las mujeres que me rodearon, quisieron, y odiaron, porque siempre me empujaron hacia adelante tratando de sacar lo mejor de mí. Suerte tuve de que me preguntaran justo lo que sabía en las pruebas de acceso a la Universidad para mayores de 25 –fue una suerte también ahorrarme los años intermedios de estudio-, o de no matarme haciendo el imbécil en los años de los documentales, cuando tuve la suerte de conocer todas y cada una de las esquinas del mundo. Solo la suerte pudo evitar que fuera gravemente herido en algunas peleas de parque, bar, o plaza; o que me estampara borracho con el coche contra un muro o dos. Una suerte fue coincidir con un grupo también afortunado de periodistas y artistas, en el momento y lugar exactos para vivir la explosión de la industria audiovisual en primera fila. Suerte de conocer a José Miguel, Andrés, Albéniz, o Felipe. Eso por no hablar de la suerte que fue que lo que escribiera entonces tuviera tanto éxito. Suerte de tener los amigos necesarios en cada momento de mi vida y de mantener la amistad con algunos de ellos después de más de treinta años. Suerte de que mi corazón no reventara por las drogas y suerte de tener un hijo sano, listo, y a todas luces más maduro que yo. Suerte de haber caído varias veces sin que me quedaran marcas profundas. Suerte de poder pagarme cualquier capricho y suerte de no ser muy caprichoso. Pero sobre todo soy afortunado por haberme cruzado en el camino de Mrs P. Esa suerte vale más que todas las anteriores juntas y me hace fuerte, invencible. Un 4 de agosto de hace 18 años, tras haberla perdido para siempre conseguí que me diera una segunda oportunidad. Y así hasta hoy. Ella es la culminación de mi suerte. La obra maestra de la fortuna.

 

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Sobre relojes inútiles y juicios absurdos

Tengo muchos relojes baratos y horteras. Han sido otro de mis vicios desde que una de mis hermanas estallara contra el suelo el flamante reloj “Duward” que me habían regalado por mi comunión. Es vital que sean inútiles, baratos, coloristas… Lo de la hora es secundario: Los tuve con lupa, con agua, con juegos. Negros de “Texas Instruments”, con radio y auriculares, modulables, de cuerda, pila, automáticos. Robados, comprados, regalados… A una de mis parejas le regalé uno con grabadora, que diariamente le informaba de viva voz que había llegado la hora de tomarse “la pildorita”, y cuando completaba el perfil del personaje de “Chechu” en “Médico de familia” le regalé esta afición mía por el reloj absurdo.

Guardo muchos, pero pocos siguen funcionando. Hoy llevo uno que casualmente tuvo su importancia -poca pero la tuvo- en el juicio contra Frade cuando nos acusó de haber plagiado un proyecto suyo para hacer la serie de Emilio Aragón. Durante la vista se lo mostré al juez para ilustrar de dónde salían los personajes, y le recordé que “Chechu”: “Lleva relojes en los que lo menos importante es la hora” (como señalaba la biblia), mostrando este mismo reloj en un gesto teatral y ridículo.

reloj

¡Qué tiempos!

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NUEVA APP DE LA RENTA 2018, y ya me entran “los” sudores.

¡Me rindo! Quiero que el Estado cobre por mi y me ingrese en cuenta el dinero del que puedo disponer sin tener que pensar en impuestos y demás zarandajas. Asumo que mi contribución a las arcas del Estado será repartida en función del volátil criterio de los gobernantes, y que en el mejor de los casos una cuarta parte acabará en bolsillos de corruptos, o será dilapidada por incompetentes cuando no se la apropien los muchos amigos de lo ajeno que les rodean, pero estoy harto de pasar el examen anual del IRPF. Nunca he sido un tío ordenado, y cuando era autónomo y sin ninguna intención delictiva, como saben los que me conocen, pagué tarde, mal, y con recargo “IVAS”, seguridades sociales y otras zarandajas… Estoy convencido de que, aprovechando mi dejadez, el Estado me cobró de más en varias ocasiones, lo mismo que seguro hizo con cientos de miles de contribuyentes, ingresando una nada despreciable cantidad gracias a que no protestamos, más por miedo y falta de tiempo que por falta de razones. Cuando se hacía en papel me faltaban sobres, pero aprendí a manejarme… Entonces dijeron que por la web, y anduve perdido durante años, recibiendo correcciones, enmiendas, y recargos por casi cualquier cosa [Sin ir más lejos el año pasado tuve que mandar una segunda versión, porque se me olvidó uno de los datos (y no soy millonario, aunque tuve que pagar multa del año anterior porque había puesto un porcentaje equivocado en lo de la compensación del divorcio)]. Pero estaba seguro de que este año acertaría a la primera sin tener que pagar a un sacacuartos más o menos conocido para que me ayudase… ¡Y ahora van y me lo cambian de nuevo! UNA NUEVA APLICACIÓN!!!!! Y por supuesto con innumerables «nuevas» soluciones para si esto, o si lo otro… ¡Que me paguen a través del Estado y me dejen en paz! Soy un puñetero guionista, no un administrativo. Apenas llevo la cuenta de lo que debo en los bares, cojones.

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¿Te acuerdas de Johnny?

 

Antes de que se pusiera de moda la expresión “procrastinar”, perdíamos el tiempo observando “Tostadoras voladoras”, jugando a las “aventuras de despacho”, y sobre todo siguiendo las andanzas de “Johnny el náufrago”. Qué pronto nos hemos olvidado de ellos…

 

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LA NOCHE DE REYES, O DEL GENEROSO EGOÍSMO

La cosa está muy mal. Los salarios son una mierda. Los ricos, intentando prolongar la suerte de sus herederos y calmar sus insanas ansiedades, son cada vez menos escrupulosos. Los pobres tienen muy pocas posibilidades de salir del agujero, y las clases medias se afanan en simular que tienen más de lo que realmente tienen, mientras que los “Montoros” les vacían los bolsillos impunemente para luego repartirlo entre los miembros de la caterva política amiga de lo ajeno. Entonces llegan los “Reyes Magos de Oriente”, y nos olvidamos de lo que no queremos recordar para intentar contentar a nuestros congéneres y, ya puestos, calmar nuestras conciencias.

En mi caso regalar es  más una muestra de egoísmo que de generosidad: Regalo porque me hace sentir bien, y punto. El mismo egoísmo que siento cuando doy un euro a un pobre, por ejemplo, maniobra que provoca en mí una inmediata subida de endorfinas.

Si. Para mí, que no soy creyente aunque practique todo tipo de festividades religiosas o paganas, hoy es el día en el que confluyen todos los egoísmos de nuestro país, tanto los de dar, como los de recibir. Seamos egoístas y felices esta noche, y “nada” de poner peros, porque “nada” cuesta sonreír, fingir un poco, y luego tirar el regalo que nos dieron en la primera papelera que encontremos antes de regresar a casa. Con toda seguridad quien te lo regaló, inmerso en sus generosos egoísmos, tampoco recordará habértelo comprado.

Así que regala, déjate regalar, y participa en esta fiesta consumista de egoísmos disimulados, que la vida son dos días.

Y si aciertas ya es la hostia…

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La red, la historia, y el 2018

Mientras espero a que la “Marcha Radetzky” confirme que estamos en un nuevo Anno Domini (a falta de los tristemente desaparecidos saltos de Garmisch-Parternkirchen), y escapando de mis obligaciones, que son escribir para una nueva serie y un nuevo programa, me he molestado en recopilar algunos datos tan innecesarios como que el 2018 coincide con el 5778 del calendario judío, 1439 del musulmán, 4715 del chino, y si no he calculado mal 2561 del budista (no voy a corregirlo si está mal, no se molesten ustedes en enmendarme la plana). Como efemérides de este año que empezamos señalar que se cumple un siglo de la epidemia de “gripe española” (Un sambenito que nos colocaron porque, estando el mundo en plena I Guerra Mundial, la neutral España fue el único país que informó de la enfermedad). Aquella “gracia vírica” acabó con la vida de entre 50 y 100 millones de personas en todo el mundo ¡En un solo año! 1918 fue también el año del estreno de “La venganza de Don Mendo” de Muñoz Seca, o de la creación de los parques nacionales de “Picos de Europa” y “Ordesa y Monte Perdido”, así como de las campañas autonomistas, asambleas regionalistas, y reivindicaciones de Cataluña, Andalucía, y Valencia.  Yendo atrás en el tiempo decir que se cumplen (hoy mismo) dos siglos de la edición de Frankestein, de Mary Shelley;  tres siglos de la fundación de Nueva Orleáns;  cuatro desde que el jesuita español Pedro Páez llegara a la fuentes del Nilo Azul.

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Flashmob mortal de Estrasburgo

Han pasado cinco siglos desde la epidemia de baile de Estrasburgo, episodio de “flashmob” que acabó, por agotamiento, con la vida de cientos de personas tras un mes continuado de histérico baile; 900 años desde que Alfonso I reconquistara Zaragoza, y se ganara una estupenda bula de cruzada, como solía suceder, lo que perdonaba todos sus pecados. Puede que importe menos, pero quinientos años antes, en el 418 moría Fridibaldo, rey de los vándalos silingos, y en el 318 Gregorio “el Iluminador” elegía a su hijo Aristax como sucesor al trono de Armenia. Hace diceciocho siglos, en el 218, Anibal se lía la manta a la cabeza y con sus elefantes desembarca en Hispania, para llegar a pata hasta Italia y tocar las narices al imperio romano, y finalmente se cumplen dos milenios desde que Thusnelda, la pobre mujer del jefe germano Arminio, fuera exhibida por Roma en el desfile de la victoria del general romano Julio César (un desfile que pertenecía a la “posverdad” de entonces, porque realmente Julito había perdido Germania para siempre).

Los años pasan, y cada año aplasta al anterior. Las vidas se diluyen con el tiempo hasta hoy, cuando gracias a la red y las redes todos tenemos presencia, biografía, y una historia que contar. Aún así conviene recordar que lo que permanece es tangible, y que un apagón informático acabaría para siempre con nuestra huella digital, dando valor de nuevo a los textos impresos, las piedras, las estatuas, y de paso a la pobre Thusnelda.

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Pensament (Y 3): El muerto al hoyo.

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Una cosa me tiene ocupado desde hace unos años, y es reconocer el mérito de la gente a la que conozco y respeto antes de que se los lleve “La Parca”, sin importarme si vivirá diez, veinte, o cien años más (Doy por sentado que yo os sobreviviré a todos). Vale, está bien lo de los lloros, y los golpes en pecho propio y espalda ajena por los pasillos de los tanatorios -para luego salir a fumar y hablar del cochazo que tiene menganito, o el…-, pero, si uno lo va a sentir tanto ¿Por qué no manifestar su aprecio cuando el finado estaba aún  vivo? Yo, desde luego, prefiero las cosas al contado y en neto, de modo que si alguien tiene pensado lamentarse de algo el día que yo muera, por ejemplo, tiene la oportunidad de manifestarlo durante mi vida, especialmente si es oneroso ¡Qué mejor que eso! Después, como si me dan de comer a los cerdos (o a los buitres en un “entierro celestial”). El cinismo funerario me saca de mis casillas, casi tanto como la muerte en sí misma, y temiendo que en los próximos treinta años esto del óbito se ponga de moda entre los de mi generación me gustaría romper una lanza en favor del dolor sincero: Si ves a alguien cercano jodido, no lo lamentes: ¡Actúa! Mamón -o mamona-, y déjate de frases solidarias post-mortem. Esas te  las puedes reservar para soltarlas cuando vayas a entierros o funerales de esos a los que se va por ir, para que te vean, o por asegurarte de que esa persona está real y merecidamente muerta.

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