¿Quién dijo miedo? YO

En asuntos médicos soy un cobarde. Lo reconozco. “El Rey del drama” como dice Mrs P. Recuerdo a mi madre persiguiéndome por El Escorial para que me pusieran la vacuna del tétanos después de una caída, o algunas costuras y trabajos en escayola de traumatólogos que me las hicieron pasar canutas… Pero siempre fueron reparaciones de “chapa y pintura”. Jamás me enfrenté con valor a la medicina de “verdad”, la invasiva. Ni tan siquiera a los análisis. Durante mi paso por la Armada soporté los controles médicos como si fueran torturas de la STASI, y las cuatro o cinco veces que pasé por el dentista lo hice con el mayor de los miedos, tanto que llegué a amenazar a uno de los especialistas con clavarle el chupababas en un ojo si no me ponía suficiente anestesia -algo que por suerte se tomó a broma-. En 1988-89 pasé por una leve versión de Hepatitis, y me llevaron a la Clínica de la luz en donde solamente confirmaron lo que sospechábamos y me pusieron una dieta. Cuando pasó el plazo aconsejado volví a mi vida normal, sin consultar a nadie. Tuve algunas enfermedades, más -o menos- decentes, que siempre curé por mis propios medios. Consultaba enciclopedias y preguntaba a amigos sobre dolencias similares con cualquier pretexto, evitando levantar sospechas. Me recuerdo recorriendo farmacias hasta encontrar una en la que no ponían peros para comprar determinado medicamento, como el Rocefalin de 2g, y buscando luego un practicante que me lo inyectara. Compré toneladas de analgésicos y antibióticos sin receta. Falseé documentos, fotocopiando análisis o reproduciéndolos por cualquier medio, y eludí cualquier control de salud de empresas, federaciones deportivas, seguros, etcétera. Y en el colmo de mi miedo y estupidez me curé solo de un grave golpe en las costillas, cuando me caí haciendo el imbécil en la piscina de casa (fueron tres meses de dolor agudo en el costado, de no poder respirar, consumiendo ampollas de Nolotil como si fueran Smints). Desde 1989 no he visitado más médico que un otorrino -por un tapón-, y dos dentistas. El resto me lo inventé para tranquilizar a familiares y amigos. He creído siempre que ir al médico es iniciar un proceso que solo tiene una salida: Palmar. Y eso no mola. Por eso hoy, que por primera vez voy a acudir a un puñetero médico de cabecera para que me revise, puedo asegurar que se inicia formalmente mi proceso de defunción. Voy a perder mi inmortalidad.

[Pensamiento dedicado a mis hermanas Carmen e Inés. Unas valientes].

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Acerca de Felipe Mellizo

Soy guionista, casi periodista, padre, pareja, ex-golfo, ex-aventurero, comilón, bruto, y seguidor del Atlético de Madrid.
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Una respuesta a ¿Quién dijo miedo? YO

  1. Vale. Fui. Y como es España, y estamos en julio, el médico con el que tenía cita, mi médico de cabecera, no estaba. Me atendió en su lugar una doctora apática, que aún estando el centro vacío me despachó en un santiamén, sin hacerme ni puñetero caso, y regalándome una gran frase “somos médicos, no magos”. Eso sí, tengo un volante para un análisis que podía haberme hecho en la farmacia.

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