Recuerdos de “pitchings” pasados

En 1992 fui por primera vez a presentar algo a una cadena de televisión. Se trataba de vender, al Telemadrid de Pérez Ornia, un documental de aquellos que hacía mi padre, llenos de datos y más datos sobre científicos y aventureros de nuestro pasado. Mi jefe de entonces, Jon Intxáustegui, quería aprovechar mi relación personal con el “Jefe de programas” de la cadena, José Miguel Contreras, y su segundo Felipe Pontón, para convencerle del proyecto (sin saber que José Miguel y Felipe me conocían tan bien que mi presencia no sumaba, sino restaba). Subimos las escaleras de aquellas oficinas “eternamente temporales” de la calle Fernández de la Hoz -que parecían más una clínica dental que un centro de producción de entretenimiento-, y dimos con el despacho. Era una oficina interior, funcional, con algunos toques de color añadidos por José Miguel, como aquella canasta de baloncesto que reproducía aplausos cada vez que se encestaba en ella una pelotita de goma (A J.M siempre le gustó el baloncesto, y que le aplaudieran… A mi también, pero solo me lo hacen en los bares). Recuerdo cómo le contamos el proyecto (por suerte entonces no usábamos el anglicismo “Pitching”, tan popular hoy en día y que tanto detesto, y por el nombre “pitch” solo conocíamos aquello que se usaba para acelerar o frenar las rotaciones del tocadiscos, y así hacer bonitos fundidos). Necesitábamos poco dinero, lo suficiente para pagar salarios, equipos, y viajes, y ya teníamos experiencia -habíamos emitido varias series documentales en TVE-, pero nos dijeron que nones, porque por barato que lo hiciéramos no podíamos competir con Cousteau, quien al vender a medio mundo podía hacerlo a un precio mucho más competitivo. Nos jodíó, la verdad, pero era cierto.

En los siguientes 25 años pasé por esa escena un centenar de veces, con series y programas, frente a individuos, dúos, tríos, o grupos. Desde “Compañeros”, cuando Valdivia me llevó con él para presentarle la serie a Rodero, en Antena 3, hasta la última de hace un par de meses con Emilio, en la misma Antena 3, con Sonia y Carlos como interlocutores. Desde el despacho de Vasile, al de Pontón, pasando por todas las cadenas habidas y por haber. En inglés y en español. En públicas y en privadas. Habiendo pactado antes su venta, o yendo directamente con un producto que sabía que no se vendería. Éxitos y fracasos…  Pero siempre con la sensación extraña de que aquello no dejaba de ser un poco superfluo, un acto solemne perfectamente prescindible.

Siempre lo pienso. Si se trata de caerles bien, o mal… A estas alturas, seamos sinceros: todos nos conocemos. En lo audiovisual España también es un pueblo. Sabemos quién es quién, por dónde ha pasado, y cuáles son sus filias y sus fobias. Por si fuera poco los que se sientan en la otra parte suelen hacer una última investigación sobre nosotros antes de vernos, y su equipo ha revisado al detalle el documento de venta que se les envió, buscando pros y contras (durante un tiempo me dediqué a redactar informes orientados, y sé de sobra que cualquier trabajo puede ser destrozado con un poco de malicia).

Si les ha gustado querrán argumentos para venderles la idea a sus superiores en la cadena, y si no lo quieren pues buscarán generalidades que vayan en el sentido deseado (que si hay pocas mujeres, que si hay muchas, que si ya se ha hecho antes, que si tenemos tres iguales, que si es ochentero, noventero, para minorías, muy HBO, poco HBO, de otra plataforma… -Siempre recordaré lo de “this is not on the line of Telemadrid” de un buen amigo mío-).

Si consultan a otros para tomar una decisión final, el resultado dependerá de cómo se lleven esos “otros” con el que lo presenta, o si tuvieron contacto en el pasado (laboral, o carnal) y cómo acabó (ya se han dado casos de “juniors”, que trataron en vano de entrar en alguna serie, y por esas cosas que tiene el destino acabaron siendo contratados por la cadena para supervisar esa misma serie que les había rechazado). Si la compra ha sido decidida en otras esferas más altas -presidencias y similares- no hay más que hablar, todo ese “pitching” irá sobre ruedas, con preguntas de pura fórmula y un poco de paripé para acallar nuestras conciencias, PERO, pero, pero, corremos el riesgo de que la decisión final haya hecho de menos al responsable directo de ese área, y ya se sabe que “arrieritos somos… Y te aseguro que nos encontraremos”.

No temo a los “pitchings”, por puntillosas, rebuscadas, y malintencionadas que sean las preguntas que me hagan, lo que temo es todo el artificio que lo rodea.

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Acerca de Felipe Mellizo

Soy guionista, casi periodista, padre, pareja, ex-golfo, ex-aventurero, comilón, bruto, y seguidor del Atlético de Madrid.
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2 respuestas a Recuerdos de “pitchings” pasados

  1. Felipe, nunca has escrito nada con más verdad. Lo has clavado, macho. Me quedo con una frase. Algo que siempre, siempre, he sentido al salir de uno de esos “combates amañados”: “…siempre con la sensación extraña de que aquello no dejaba de ser un poco superfluo, un acto solemne perfectamente prescindible.” Enhorabuena.

  2. DARTH V dijo:

    Al menos a tí… aunque tengas que pasar por todo eso… te reciben… donde trabajo ahora, como no nos conocen (a mi jefe en concreto) ni siquiera nos dan cita… Cuento con que nos van a rechazar… pero no conseguimos que nos reciban, simplemente porque no nos conocen… que difícil

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