Quien tiene un guionista, tiene una serie

Desde los setenta, pasando por los ochenta y hasta bien entrados los noventa, la mayoría de las series de nuestro país fueron escritas con/por equipos mínimos de guión -en ocasiones un solo autor-, y muchas veces por adelantado, comenzando las grabaciones (o rodajes en algunas casos) con un bloque completo ya dialogado y encuadernado. Luego, con la explosión audiovisual de mediados de los noventa, vino la “revolución industrial del contenido”, en la que participé activamente y de la que no me arrepiento (cada cosa tiene su tiempo). La avidez del mercado (y de los mercaderes) nos llevó a perfeccionar los procesos para alimentar a la voraz maquinaria de producción del país, que arrancaba a tirones, y se crearon grupos de guión numerosos, especializados, y con sueldo fijo (que asalariados suena fatal). Al olor de las pesetas, y aprovechando la inseguridad de los inversores, aparecieron gestores de todos los colores, encargados de marketing y prensa, de ventas, de contenidos, de expansión, de recursos humanos… Esas estructuras empresariales distanciaron a los que generan las historias de los que las compran, y a los que las compran de los espectadores, pero con la extensión del uso de internet para bajarse, ver, y hablar de ficción, y la llegada de nuevos aires en los contenidos (2006-2007), se dinamitaron las fronteras que los pesados organigramas habían creado. Con todos teniendo información sobre todos, y acceso a todos los contenidos del planeta, quedaron al descubierto tejidos (por no decir cortinas) industriales innecesarios, prescindibles. Y el que paga, de pronto, se dio cuenta de que podía hablar con los que generaban los contenidos y así trasladarle/s directamente sus miedos, dudas, o correcciones (y no dejarlo en manos de intermediarios, que puedan perder o deformar sus indicaciones para mayor gloria suya, y menosprecio de los verdaderos creadores de las historias -que pocas veces se significan-). Por suerte hoy son varias las cadenas que tienen claro esto, y solicitan conocernos, hablar con nosotros -con los que somos profesionales del ramo de “generar historias”, de “dar sentido a lo que parece no tenerlo”, de “discutir por una frase hasta perder la amistad -y las formas-“, y no solo con los jefes, dueños, amos, y demás expertos en hablar bien de sí mismos, y mal de los demás-, antes de invertir su dinero. Cada vez son más los que quieren saber quién llevará la serie día a día, línea a línea, minuto a minuto, y no perderse en generalidades ni traducciones interesadas. Las ideas están bien, el piloto está bien, pero ¿Quién estará llevando las riendas en el capítulo VI? Por suerte parece lejana ya aquella idea de que “la serie va sobre ruedas, sola…”. Es cierto que la presión de las cadenas y sus correcciones es una jodienda, pero son los que ponen la pasta ¿no? Cada figura de la industria tiene su utilidad, incluso los que se pasean por Cannes con cara de cargar sobre sus espaldas el planeta, aunque lo único que tengan entre manos sea una cartera vacía (o llena de revistas, flyers, dípticos, trípticos…) y el deseo de que alguien importante les invite a una bullabesa. La nuestra es contar historias, y si alguien va a comprar una historia ¿por qué no escucharla por boca de quien la hace? Cada vez se entiende menos, por suerte.

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Acerca de Felipe Mellizo

Soy guionista, casi periodista, padre, pareja, ex-golfo, ex-aventurero, comilón, bruto, y seguidor del Atlético de Madrid.
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