El Rey Arturo, mi padre, y Faustino (La inmortalidad de…).

[Entrada personal, no hablo de tele ni me pongo en ridículo, lo siento]

“Di comienzo a este libro en 1969, en Londres, ciudad que amo y en la que viví feliz. Lo termino en 1975, en un pueblo de la montaña guadarrameña donde, si todo transcurre como Dios manda, moriré, junto a mi historia y junto a mi sangre”. 

Con estás proféticas palabras cerraba mi padre el prólogo de “Arturo, rey”, editado en 1976. Finalmente murió en Alpedrete, el día de San Fermín del año 2000, acompañado por su hija más pequeña, Inés.

Para cualquiera que lea los textos que publico en la red resultará obvia, e incluso cargante, la obsesión que tengo por su figura. Siempre he pensado que fue injustamente tratado como literato, pensador, y periodista; e indulgentemente juzgado como padre, marido, y contribuyente… No dejaré que se apague su recuerdo, quizá por el temor que tengo a que con ello se apague también el mío mismo. (Algunos amigos y conocidos tratan de no envejecer recurriendo a cirugías capilares, tintes, y otros costosos tratamientos: Yo hago lo mismo manteniendo viva su figura, con sus textos, con sus recuerdos. Hablar de él me rejuvenece. Me vuelve “hijo”).

En esas estaba cuando, navegando por la red, descubrí que había dos ejemplares de sus escritos en venta, en una librería de viejo cercana a la oficina, y me fui a por ellos. Todos los bibliófilos sabemos que, además de las compuestas por las propias letras, los libros cuentan siempre otra historia, la suya misma, gracias a pequeñas pistas que dejamos en el interior, a veces intencionadamente, como facturas, billetes de metro, dinero, garabatos infantiles, rasgones, manchas de vino o café, marcapáginas, notas al margen… Y por supuesto dedicatorias. Y así ha sido. Nada más pagar la compra he cogido uno de los ejemplares, lo he abierto, y  me he encontrado con ésto:

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¡Vaya sorpresa! Una dedicatoria de mi padre.

“Consumado en una vida breve, llenó mucho tiempo”.

Lo reconozco. Yo no sabía quién era Faustino, aunque me sonaba familiar el apellido, pero rápidamente he consultado mi “oráculo” de bolsillo, y me encontré con lo siguiente:

Faustino González-Aller nació en Gijón el 2 de marzo de 1919. Abogado y periodista, fue redactor de Radio Nacional de España desde 1944 hasta 1953. En los años 1950-1953 estrenó varias comedias en Madrid y Barcelona; entre ellas, La noche no se acaba -premio Lope de Vega 1950-, que fue presentada en el teatro Español en 1951 y retirada del cartel por el Gobierno, que la consideró “inmoral y heterodoxa”.

González-Aller fue también guionista de cine entre 1953 y 1956, y obtuvo con Todos somos necesarios el primer. premio en el I Festival de Cine de San Sebastián (1956). Desde 1956 hasta 1959 fue corresponsal en Cuba y director de edición en el canal 13. Más adelante, entre 1959 y 1972, trabajó en el servicio de información de Naciones Unidas. En 1977 ingresó en la agencia Efe y fue nombrado corresponsal en Nueva York.

La producción literaria de González-Aller incluye algunos títulos de fama, caso de sus novelas Operación Gernika, Niña Huanca, Orosia y Vía Gala.

(EL PAÍS, de su nota necrológica, 11 de marzo de 1983)

Faustino debía ser un hombre muy interesante, y probablemente tuvo un papel importante en la carrera de mi padre -que desconozco-, pero me alegra haber podido recordar su figura gracias al azar, en una librería de segunda mano, porque junto a la inmortalidad de mi padre, siempre irán las inmortalidades de todos los que se cruzaron en su camino, así como él formará parte de las inmortalidades de ellos.

[Al investigar he descubierto a su hijo en Facebook, y he visto que tenía bastantes amigos en común. Un paso más hacia la eternidad].
P.D: Se me olvidaba que ya antes tenía algún amigo con el mismo apellido. Obtuso que soy, seguro que son familia.
Confirmado: estoy “empanao”. Mi amigo Áĺvaro Gonzáĺéź-Aller es el nieto, pero no sé cómo no he caído. Quizá la emoción…
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Acerca de Felipe Mellizo

Soy guionista, casi periodista, padre, pareja, ex-golfo, ex-aventurero, comilón, bruto, y seguidor del Atlético de Madrid.
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