Yo no veo series españolas

Dicho así, en general, es una forma muy común de situarse por encima de los que las siguen, o las hacen. A mi me lo sueltan ciento cincuenta veces al año. ¿Verdad que os es familiar? y ¿Qué quieren decir? Pues no lo sé, pero supongo que se refieren a que la ficción española es una porquería, que su calidad es muy baja, que sus guiones son nefastos, que su producción es cutre… Y, por qué no decirlo, es la manera más barata de conseguir una imagen de modernidad y transgresión (¿Eres de los que ven series españolas, o de los que no?). Hacer un cine-forum sobre un “culebrón” parece pobretón ¿Verdad?

Cuando se trata de un mero espectador, alguien que no tiene relación con nuestra industria, podríamos hablar de gustos -lo normal-, pero también de pose, de negación de lo que le rodea, de afan por diferenciarse… Pero cuando lo dice alguien de nuestro entorno profesional es el momento de buscar su móvil. Está claro que la industria del cine, que vivió un tiempo en su propia ficción, lideró las ofensas de ese tipo durante años, marcando mucho las distancias con nosotros. Pero las fronteras entre ambos sectores se fueron difuminando con el tiempo (muchos son los profesionales de televisión que han tenido éxito en el cine, pero pocos los que hicieron el camino inverso y salieron bien parados), y aunque queden reductos de inmutable y divina “sabiduría”, resulta casi cómico el intento por diferenciarlos de nosotros y lo que hacemos -más allá de lo que se refiere a la producción-. El mundo de la letra impresa (periodismo y literatura) también está suscrito a la popular y clasista sentencia, quizá llevándola más lejos al añadir (a más, a más) la coletilla de “yo no veo televisión” [Es curioso que luego, cuando se les conoce en profundidad, resulta que alguna cosilla -o dos- saben de la programación, pero al ser descubiertos aseguran que “fue un día que estaba enfermo”, o “se empeñó menganito en que lo viera, pero ya sabes que yo…”.

Cuando alguien dice que ha escrito un libro, sea como sea de bueno, o de malo, la reacción es de “Ohhhhh”; pero si dice que es guionista de una serie, la onomatopeya jaleosa es “Ahhhhhh”. Quizá por eso cerca de cien guionistas conocidos míos han editado libros en los últimos cuatro años]. Luego están los compañeros y colegas (de ficción y/o programas) que, ante el dilema de reconocer, valorar, o juzgar positivamente una ficción, y pensando que quizá las personas que hacen esas series pueden ser competencia suya en el futuro, sueltan de modo automático la tan manida frase que da nombre a este post, seguida por una retahíla de títulos anglosajones o nórdicos con apellidos superlativos del tipo “buenísima”, “maravillosísima”, o “cojonudísima”.

Por si fuera poco resulta que en algunas universidades hay profesores que se lo dicen sin pudor a sus alumnos (entre los que se encontraba una pariente mía muy cercana, que además había trabajado en Águila Roja, con nosotros), asegurando que tal o cual serie española es una porquería, sin tan siquiera entrar a estudiar los cómos y los porqués de cada producción, pero poniendo de ejemplo obras producidas en el extranjero (curiosa manera de mejorar nuestra industria).

Claro, con tanta ayuda es normal que cuando empiezo un curso, y me pongo delante de un grupo de jóvenes con deseos de aprender este oficio de creadores y escritores de ficción,  todos sepan un huevo de series foráneas maravillosas, con ejecuciones brillantes [no tanto de los centenares de series malas que se producen en esos países y que jamás llegan a emitirse en nuestro país. Es curioso cómo juzgamos esos mercados solo por sus éxitos, lo que les mitifica aún más], y suelten un sinfín de tópicos para criticar lo que se hace aquí. Y luego les dices ¿Pero tú dónde vas a producir? ¿Con qué medios? ¿Con qué actores? ¿Con qué plazos? ¿Para qué público? Y claro, ahí  se la tienen que envainar, porque antes de que les reciba JJ Abrams deberían practicar un poco, aunque sea rebajándose a la altura de los que hacemos series de mierda españolas (que por otra parte se venden y ven en medio mundo, con notable éxito y nefasta comercialización).

Y el colmo de los colmos es cuando por razón de parentesco, advenimiento, o abducción cuasi-extraterrestre, nos colocan a alguien por encima que, con menos pudor que experiencia, inicia así su exposición: YO NO VEO SERIES ESPAÑOLAS. Coño, pues vete a Los Ángeles a currar. Una pena que mi padre no me enchufara como jefe de lo que fuera, en lugar de tenerme cargando película y baterías tres años antes de dejarme escribir una coma.

Y una pena mayor aún es que toda esta negación de lo propio sólo conduce a que lo “ajeno” tenga cada vez más presencia. Los inversores y emisores acaban entregando sus parrillas a productos vendidos muy por debajo del precio de coste (de la producción), y lo propio no puede mejorar porque el rendimiento que productoras y cadenas sacan de ello es cada vez menor. Pero luego resulta que emiten la grandiosa serie americana contra la malnutrida serie española y ¡Pan de Madagascar! Va y la española le triplica en audiencia, e incluso en descargas en la red.

La televisión cambia, y puede que en un futuro muy próximo desaparezca tal y como hoy la conocemos, pero lo que no cambia es el número de idiotas, es una constante universal.

Y hasta aquí el pensament de esta semana.

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Acerca de Felipe Mellizo

Soy guionista, casi periodista, padre, pareja, ex-golfo, ex-aventurero, comilón, bruto, y seguidor del Atlético de Madrid.
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8 respuestas a Yo no veo series españolas

  1. DARTH V dijo:

    Toda la razón….yo me incluyo veo muy poco… últimamente El Padre de Caín y Lo que Escondían sus Ojos… pero también es verdad que cuando me gustan, me gustan mucho mucho….

    • Es curioso cómo, en cuanto a nuestro consumo de cultura y entretenimiento, nos condiciona el estereotipo USA-Europa-España (tanto en cine como en TV). Hasta tal punto que podemos vendernos como lo que no somos con un poco de “name dropping” y cuatro anécdotas bien colocadas; o convertirnos en verdaderos sabíos con un poco más. Hubo un tiempo en el que esa información sólo estaba al alcance de unos pocos, y esos pocos sacaron buen provecho, hoy cualquiera puede convertirse en “pope mass media” con un poco de inteligencia y dedicación. Decía mi colega Ignacio del Moral que nos fijásemos en algo simple, como lo es la diferencia de imagen que proyecta un individuo en función de lo que dice que consume de cada medio: Si ve seríes españolas… mal, si ve americanas… bien, y si ve “europeas” es un cultureta, un intelectual. Por contra, en el cine, el estereoptipo más popular es que si ve películas americanas… mal, si ve cine español… regular, y -siempre constante- si ve películas europeas está camino del Nobel. Por supuesto que todo tiene su porqué, y probablemente sea razonablemente correcto, pero gracias a esos estereotipos, y el arte de algunos en manejarlos, está la industria llena charlatanes que no saben hacer la “o” con un canuto.

  2. Yo, este mundo nuestro, lo veo muy parecido al del fútbol. Hay un espectáculo, con jugadores, estrellas, reservas; con un entrenador y sus ayudantes; con directivos, presidentes, prensa; y con espectadores de toda clase y condición. Todos creen saber de todo, y la mayoría pueden defenderse en una tertulia (sea radiofónica, televisiva, de oficina, o de bar). El gusto es algo individual, propio, libre, de modo que no hay nada que decir al respecto. Pero al final no todos valen para todo. El entrenador sabrá de organizar el equipo, de estrategia, pero no juega un pijo. Algunos jugadores saben algo de estrategia, pero la mayoría no, por bien que jueguen, de modo que no valdrían como entrenadores. Los directivos dicen saber de todo, y a veces quieren hacer de entrenadores, e incluso de jugadores, y se ponen todas las medallas que se cruzan en su camino. Los periodistas y críticos dan cera a todos, buscando su propio público, y el espectador, sea de tele, o de estadio, y con mayor o menor vehemencia, cree tener derecho y conocimiento suficiente para arreglar cualquier problema por el que pase su equipo, porque “de pequeño yo jugaba en el equipo de mi barrio, pueblo, colegio…”. Todos saben de todo, pero el negocio solo funciona cuando juegan los jugadores, escriben los guionistas, entrenan los entrenadores, coordinan los coordinadores, etcétera. En el ámbito profesional, y salvo las contadísimas ocasiones en las que alguien tiene varios talentos, lo mejor es que cada uno se encargue y hable de lo suyo y deje trabajar. Pero es difícil contenerse.

    • DARTH V dijo:

      Perdona Felipe no había visto este comentario hasta ahora…. tienes toda la razón, pero estamos en España y es imposible que la gente no opine de todo… ya sabes, 3 españoles…4 opiniones!

  3. Jajajaja. Y 4 me parecen pocas…

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