Algunas curiosas utilidades del jabón lagarto*

Cuando uno se dedica a rodar documentales no suele tener mucho tiempo, ni espacio en su mochila, para la higiene personal. Al menos eso era lo que pensaba yo, un joven aprendiz de cámara, cuando mi padre, Felipe Mellizo; el director y productor Jon Intxaustegui; el periodista, aventurero, y guía, José Manuel Novoa;  y el cámara Josu Venero, me enviaron a comprar jabón a un badulaque de Malabo, Guinea Ecuatorial, allá por 1990. En pocas horas debíamos subirnos a una avioneta, rumbo a una isla abandonada por la historia en mitad del océano Atlántico, Annobón, siguiendo las huellas del explorador vitoriano Manuel Iradier. Acostumbrado a acatar y obedecer órdenes sin rechistar tras mi paso por la Armada, me hice de inmediato con cerca de veinte pastillas de jabón “Lagarto” y las empaqueté junto a mis escasos calzoncillos.

Al día siguiente volamos hacia Bata, de Bata a Port Gentil -Gabón-, para cargar combustible, y tras un largo y peligroso vuelo conseguimos aterrizar en el asilvestrado aeródromo de San Antonio de Palé, entonces abandonado, salvo por las esporádicas e imprevisibles visitas de los aviones de la Cooperación Española, que dejaban medicinas y correspondencia, a menudo soltándolas desde el aire.

Anobón

Así era la pista entonces, y ese nuestro avión “EVA”

san-antonio-de-pale

Y así es ahora. La pista aquella tan abrupta es ya todo un aeropuerto (según veo en GOOGLE), y el pequeño puerto que había sido destruído por un temporal ha sido reconstruido y mejorado.

Durante varios días exploramos ese pequeño paraíso habitado por unas 5000 almas, aisladas del resto del mundo tras la destrucción del muelle del puerto durante uno de los muchos temporales que asolaban la isla. Un lugar sin electricidad, recorrido por intrincadas sendas abiertas a machetazos que tardaban poco en ser cubiertas de nuevo por el verde manto de la selva tropical.

Buscábamos información y testimonios sobre la pesca de ballenas con arpón desde inestables cayucos. Un arriesgado modo de sustento de los lugareños que venía practicándose desde hacía siglos. No tuvimos suerte, pero durante una semana pudimos entrevistar a varios pescadores que aún salían a por las “Yubartas”, y que hablaban una extraña mezcla de idiomas, entre el portugués, francés, y español. Para recorrer la isla, cargados de material, teníamos que pedir ayuda a jóvenes locales, que nos seguían con curiosidad a todas partes. Entonces descubrí el porqué del jabón.

A falta de los más mínimos bienes de la sociedad moderna, y en un lugar en el que el dinero carecía de utilidad, el jabón les resultaba fascinante y útil. La limpieza de la ropa era un evento social diario y muy musical, siempre acompañado por los cánticos de las mujeres, a ritmo del violento retumbar del agua cuando se sumergían las prendas con fuerza.

Siguiendo las indicaciones de Jon entregué un jabón a cada uno de los dos lugareños que nos habían ayudado en la subida al volcán. Pero entre ellos estalló una violenta disputa. Según me explicaron después fue debido a que yo había pagado con la misma moneda esfuerzos muy diferentes: Uno de los jóvenes había cargado el doble de peso, durante el doble de tiempo. Esa misma noche, en la habitación que nos había preparado el monje claretiano que cuidaba de la fe cristiana de los isleños, la pasé cortando jabón “lagarto” en trozos de distinto tamaño. Nadie se pelearía por mi culpa. Con un cuchillo afilado y una vela para calentarlo, deshice las pastillas en fracciones, con algunas de mayor valor, a modo de sistema monetario. De ese modo pudimos trabajar, y pagar por la ayuda, sin provocar más trifulcas.

El documental en cuestión se llamaba “Longitud Latitud”, y se emitió en TVE entre 1989 y 1992. Las reservas de petróleo de Annobón se descubrieron en 1992… ahora hay puerto, y aeropuerto.

(* Texto dedicado a mi amigo “EL TURCO”, Sergio, todo un lagarto).

Y hoy añado a la dedicatoria al recientemente fallecido José Manuel Novoa.

[Entiendo que el fondo de la anécdota pueda resultar moralmente reprochable para algunos, pero eran otros tiempos, y lugares con costumbres y gustos difíciles de asimilar. Y yo lo que hacía siempre era obedecer, superado por la suerte de poder hacer aquellos extraordinarios viajes de los que podría estar escribiendo tres vidas enteras].

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Acerca de Felipe Mellizo

Soy guionista, casi periodista, padre, pareja, ex-golfo, ex-aventurero, comilón, bruto, y seguidor del Atlético de Madrid.
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