Escenas monegascas

En algún momento entre 1997 y 1999 -no recuerdo cuándo, aunque podría buscarlo-, alguien de la empresa tuvo a bien enviarme a los premios de la televisión de Montecarlo representando a GLOBOMEDIA. Méritos he tenido siempre de sobra -y ganas de juerga también-, y no dudé en aceptar la invitación. Ya había estado en algunos festivales de esos en los que todos se intercambian importancias inmerecidas, pero esto era distinto:  Era uno de los primeros episodios de “visibilidad” internacional del guionista patrio. Nada de “reunión de gente con camisetas de EL PADRINO”, ¡Estaría el mismísimo príncipe Alberto!

montecarlos

El emoji cubre un gesto desafortunado de mi mano.

Junto a Pilar embarqué rumbo a Niza, y de Niza hasta Mónaco en helicóptero, que es mucho más “fashion” para desplazarse por esa costa de carreteras retorcidas. Nos hospedamos en el hotel Metropole, el del callejón molón, en la plaza del Casino ese tan atractivo para viejos, japoneses, y cirujanos.  La “función” era en el Forum Grimaldi, junto al mar, y después de vestirnos de largo (en mi caso con ese ridículo aspecto que véis en la foto, ataviado con un genuino “Cornejo” que me queda como un guante, porque la percha lo es todo), salimos del hotel.

Y claro, estaba allí, junto a las curvas de Spelugues (las cuevas) de la F1… ¡yo tenía que pisar aquello! “¿Vamos andando?” Le dije a Pilar. Entonces aún confiaba en mí, y me dijo que sí… Claro, ella llevaba taconazos  y un vestido largo, y a los pocos metros se empezó a arrepentir “¿Falta mucho?”. “Vaya tela, por aquí han derrapado Lauda, Stewart, ¡Fittipaldi!” Le respondía. Veinte minutos después llegamos al Palacio de congresos de marras. Sudados, con Pilar enfadada y sus pies doloridos. Pero yo cumplí mi sueño de bajar andando aquellas curvas. Después vino la función. La novia de turno de Alberto se resbaló cuando les presentaron, para mayor gloria de los fotógrafos presentes, y nos sentaron en una mesa con Jorge Arqué (dueño y señor de VIDEOMEDIA), y unos cuantos españoles más a los que ni conocíamos, ni saludamos, concentrados como estabamos en criticar la mesa vecina, porque estábamos espalda con espalda con la pandilla Grimaldi, y otros directivos.

No nos premiaron, y menos mal, porque yo ya había terminado con dos botellas de vino, y me hubiera tropezado al subir al escenario. Pilar no me perdonó por lo de sus pies, hasta que al día siguiente fuimos al museo oceánográfico, que siempre fue uno de mis lugares preferidos de toda Europa.

No tenía pensado añadir una conclusión, pero si lo hiciera sería un comentario sobre que la “visibilidad” -para mi- no es necesariamente dar la cara en este tipo de espectáculos, especialmente en mi caso, sino simplemente que se reconozca y pague el trabajo de guión o contenido sin “usurparlo”, que nadie intente hacerse pasar por lo que no es, o por quien no es, que los “contratadores” investiguen sobre los logros de las personas a las que contratan, que contrasten, y no se dejen engañar con zalamerías y vestiduras. Al CÉSAR lo que es del CÉSAR.

 

 

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Acerca de Felipe Mellizo

Soy guionista, casi periodista, padre, pareja, ex-golfo, ex-aventurero, comilón, bruto, y seguidor del Atlético de Madrid.
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