Memorias de un “gamer” viejuno.

Superada esa breve etapa analógica de mi vida, cuando “la zapatilla por detrás”, las “chapas”, “yo-yos”, el “Churro-Mediamanga-mangaentera”, “futbolínes”, “dreas”, etcétera, ocupaban mis pocas horas de ocio (al margen de las obligatorias actividades físicas deportivas, y los distintos -y casi siempre frustrados- experimentos sexuales), mi relación con los juegos, fue prematuramente digital.

barquitos

Recuerdo aquellas toscas máquinas de “rompe ladrillos” (“Arcanoid” después), que sustituyeron a las “petaco” en el salón de actos de Collado Villalba a finales de los setenta. Eran tiempos de “magiklick”, y de hacer largas colas esperando turno, o simplemente observando cómo los mayores rebotaban la pelotita con destreza abajo y arriba (lo mejor era que si le dabas un chispazo al último de los espectadores, estando todos en contacto, le reseteabas la partida al jugador y salvabas tus récords. Pero tenías que correr mucho después). Por suerte yo había disfrutado ya de algunos extraños ingenios “semi-electrónicos” de ping-pong que mi padre traía en sus viajes, pero jugar sin público no tenía gracia. En algunas discotecas -no había mucho control de la edad mínima- instalaron “flippers”, o incluso máquinas electrónicas de “backgammon” (recuerdo bien las de Boticcelli, a la entrada), y si no tenía más remedio jugaba incluso a esa cosa miserablemente entretenida en la que metías una moneda por la parte superior, y la dirigías por un circuito con un volante evitando que se saliera por los lados para ganar un chicle. Después llegaron los Space Invaders, y cuando me mudé a Madrid – y entre otras cosas- me enganché al “Galaxian“, “Asteroide“, “Humanoide“, “Pacman“, “Hamburguesas“, “Donkey Kong“… El “moon cresta” todavía resuena en mis oídos, y sería capaz de jugar hoy mismo, con los ojos cerrados (titiriii…tiriiii.. tiririiii……….. titiriiii…tiriii… tiri).

Lo confieso: Robé, mentí, y amedrenté para jugar a los “marcianos” (así como fui robado, engañado, y amedrentado). Y no fui el único. Las visitas a los sótanos de la Gran Vía (Avenida de José Antonio entonces), para jugar y/o comprar discos en Discoplay, eran constantes. Todo mi dinero era poco para tanto gasto (los juegos eran solo uno de mis vicios), de modo que recurrí a fuentes de ingreso alternativas. Nunca era suficiente. Sisaba a mis padres, abuelos, hermanos. Ayudaba a contar las monedas de la máquina de tabaco del bar que había debajo de mi casa y “distraía” todo metal que estuviera sin vigilancia, e incluso metía la mano en algunos bolsillos ajenos… Sí. Mangaba para jugar, ya fuera en salones recreativos, en discotecas, o en bares…

Con el Comodore 64 y las “cassettes de datos” llegaron las “purple Turtles” y “Freddy Hardest“, que me tuvieron sin dormir noches y más noches. En la calle jugaba al “pole position“, “defender“, “Marble Madness“, y todos los de “karate” que encontraba, y me dejaba los dedos frotando con el mechero para saltar más lejos que nadie en el “Hyper Olimpics“… (Aquí debo hacer una mención obligada al grandísimo juego de mesa “Fuga de Colditz“, que garantizaba el ocio cuando no había dinero)… y los años pasaban. Durante un tiempo dejé el juego para centrarme en la pura juerga al exterior, pero regresé años después gracias a los ordenadores. De los simplones juegos de mis 80086, 80186, 80286 (el “ski” cutre aquel en el que te comía el yeti era total), pasé a las nuevas ofertas de Windows. Jugaba al musical “Loom” a diario, y después me enganché a “Buscaminas“, “solitarios“, “Klotski“. Disfruté con el mus de PC, el ajedrez, y hasta el “curling“… Màs tarde me vicié con las “aventuras de despacho” (Indiana, Star Wars…), con el “tenis“. El “Wolfestein” casi acaba con mis ojos, ya agotados por los “Lemmings” y sus adorables suicidios. Compartí la NINTENDO y su “Supermario” con mi hijo.  Y disfruté siendo mil veces asesinado en red con el DOOM, que dio paso a la “play” y el “cool boarders” (con tabla incluida) un juego que hizo que me salieran callos en los dedos -cuando ya era el director de contenidos de Globomedia Interactiva-, y que mi hijo me dijera que él era el único hijo que le tenía que decir a su padre que dejara de jugar con la play. Con esas palabras acabó una etapa de mi vida, al tiempo que veía a mi hijo enganchado al Final Fantasy, y la verdad es que disfrutaba viéndole jugar -con sus invocaciones y magias-, sin participar en modo alguno.

El siguiente paréntesis fue mayor (tuve que trabajar, y meterme en los típicos líos del mundo real. Nada interesante). Y me trae hasta hoy. En los últimos años he probado varios juegos, pero sólo me enganché a los “vampiros” del FACEBOOK (llegué a crearme veinte perfiles de FACEBOOK para alimentar mi personaje principal), un poco al Candy Crush, y ahora mato el tiempo con el “World of tanks” (me gusta, pero al final me entretengo más aplastando cosas que disparando, y así  no hay clan que me acepte).

Seguro que he cambiado el orden de alguno, son demasiados, y que me habré olvidado de bastantes (la Guerra de los mundos de la play, las motos de los recreativos…), pero queda claro una cosa: Estudiar, lo que se dice estudiar, estudié poco poco porque ¡Tenía que salvar el planeta!!!!!!!

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Acerca de Felipe Mellizo

Soy guionista, casi periodista, padre, pareja, ex-golfo, ex-aventurero, comilón, bruto, y seguidor del Atlético de Madrid.
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