De eso nada, manada.

Demasiadas veces escucho y sufro el tópico de que hoy en día hay un mayor conocimiento de lo que se hace en el extranjero, de cómo se hace, y de para quién se hace, que el que teníamos los que nos dedicábamos a este negocio de la televisión en décadas anteriores, y no estoy de acuerdo. Para mi no se trata de que hoy en día se sepa más, como si esto fuera un “trivial” (a veces se confunde la pura acumulación de datos y títulos de series con el “saber hacer y contar historias”, como le sucedía a un popular crítico de cine de los ochenta), sino de que hoy hay más gente con esa información, y que se comparte con mayor facilidad, simplemente. Ahora todos somos expertos en series, así como TODOS somos entrenadores de fútbol… ¿O no?

No puedo hablar más que desde mi experiencia, y nunca he sido un teórico del guión.  Simplemente he hecho series y programas toda mi vida. He creado muchas, otras las he vendido, y la mayoría las he guionizado. Aproximadamente -no voy a repasar el listado- he trabajado en 19 series (emitidas de verdad, no proyectos), 3 tv movies, y una veintena de programas y documentales. Dicho esto puedo contar , con cierta autoridad y credibilidad, que cuando algunos de nosotros (Cueto, Valdivia, y yo) empezamos a trabajar en ficción era evidente que había que actualizar el modelo de producción ajustándolo a un nuevo escenario. Hacía tiempo que conocíamos las redes digitales de información (a través del BASYS, y otros canales por los que se intercambiaban noticias), y las televisiones privadas estaban preparando su desembarco. Los más avezados ya habían estudiado herramientas modernas de medición de audiencias y tendencias, e incluso habían conocido a grandes productores extranjeros, e intercambiado ideas con ellos en los mercados internacionales (algo en lo que a nosotros nos introdujo José Miguel Contreras).

En aquellos días, en España, las series se producian de un modo artesano, más artístico (sin menoscabo del arte de las que vinieron después). Normalmente se acordaba el desarrollo, se escribían todos los capítulos de una temporada, y finalmente se producía y grababa (o rodaba) en unos plazos mucho más relajados que los actuales. El sistema, heredado del cine, era inviable en el escenario de competencia que estaba naciendo, de modo que siguiendo el método de ensayo y error mecanizamos todo lo que pudimos mecanizar para facilitar la producción y el rendimiento económico de nuestro trabajo (un concepto -el de la pasta- que por vez primera entraba en mi vocabulario. Jamás me habían exigido un beneficio de forma directa, ni escuché a mi padre hablando de ello en todos los años en los que estuve acompañándole por el mundo). También por primera vez las series en nuestro país se escribían en equipos, grupos más o menos numerosos que aseguraban la frecuencia necesaria de guiones para mantener la maquinaria de producción en marcha. Como yo lo veo fueron diez años en los que se generó una industria que no existía antes, se introdujeron herramientas (unas fallaron, otras se mantienen… selección natural), y se buscaron modelos.

Por supuesto que no vivíamos aislados, como si nuestro mundo fuera una prolongación de la autarquía franquista. Muchos de nosotros, por suerte o lo que os dé la gana, crecimos en el extranjero. Mis primeros héroes fueron HR Pufnstuf, Marine boy, y el Doctor Who. Otros tenían una gran formación académica, apoyada por un conocimiento reconocido del cine y sus técnicas (Valdivia o López-Tapia), o tras estudiar pubicidad y televisión en los Estados Unidos (Nadal) habían vuelto a España para trabajar. Durante años gran parte de aquel equipo con el que coincidí viajó al extranjero para alimentarse con nuevas ideas (Como Cueto, Pontón, Álvaro, o Sonia). Los había que habían trabajado en CANAL 10, nuestra primera privada, que emitía vía satélite desde Londres (Varela y Écija), o críticos de televisión que competían con los tradicionales “comentaristas de los años del blanco y negro” desde el primer suplemento de EL PAÍS (P. Sancristoval y Contreras). A mitad de los 90 la empresa enviaba guionistas a Los Ángeles para que se formaran y mejorasen su conocimiento del mercado extranjero (Pilar, Ana, Pablo, José, Víctor) en cursos de UCLA, o en el Comedy Exchange, y en cuanto nos instalaron las primeras conexiones por modem de Internet (las de 14.400), nos pusimos en contacto con todos los creadores posibles para intercambiar experiencias.

A través de una red de corresponsales recibíamos cintas de vídeo (sí, por correo) con grabaciones de todo lo nuevo que se producía en medio mundo, y redactábamos una publicación profesional con un resumen de las novedades. Todos éramos ávidos lectores, tanto de literatura, como de libros, cómics, o revistas de temática profesional, y gente de reconocida imaginación y talento. No me importa darle palos a GLOBO cuando se lo merece, pero en aquellos días se apostó mucho por mejorar el producto, año tras año (tuvimos escribiendo a guionistas de los USA en “Médico de familia” como Joe Chilco -vaya marrón que fue corregir su guión, con aquello de “sneaker on the back… tris-tras”-, y participando como director de “Periodistas” a un oscarizado André Guttfreund). Así pasó aquella década de aprendizaje. Nuestras series se emitieron en más de una cincuentena de países, y fuimos premiados y reconocidos desde Montecarlo a Los Ángeles.

Luego vinieron unos años duros. La competencia crecía conforme se formaban nuevas generaciones, y las empresas, incluyendo la mía, apretaron las tuercas del dinero y la vanidad, al mismo tiempo que nacían nuevos canales y plataformas. En nuestro caso se intentó liderar aquello del mundo digital creando un departamento de contenidos para internet, y en 2000, al hilo de “suite 218”, intentamos hacer nuestras primeras series por internet… Todavía las guardo: “Escapa del laberinto”, o “Este prolongado viernes en el que vivimos (La casa de los muchachos)”. Pero el desastre de las “punto com” -por purita ambición desmedida-, acabó con muchas de esas grandes ideas en la “cesta de basura del escritorio”, aunque nuestra presencia en la red se prolongó durante un tiempo con el proyecto “La corriente alterna”, un periódico digital con blogs sobre cine, política, y televisión, que murió como programa de televisión en 2002. Fueron años de comedia costumbrista -confieso que ese no es mi mundo- que finalizaron (como siempre ocurre con los ciclos de gusto artístico) con una oleada de series históricas.

La multiplicidad de canales, y la atomización del público dio después -por suerte según lo veo- paso a un escenario en el que cualquier producto tiene su público, y todo público tiene su producto, que es en donde estamos. Algo más agradecido y abierto para los creadores (aunque el negocio sigue siendo un problema, pero me temo que la ambición no tiene cura… y la vanidad tampoco).

Tampoco hemos descubierto los “blogs” o “bitácoras” ahora. Muchos de los de mi generación escribíamos sobre series en el primitivo BLOGGER -antes de que fuera comprado por GOOGLE-, desde 1999-2000. Pero entonces los ciudadanos, y los medios de comunicación tradicionales, vivían de espaldas a la red, de modo que nuestra repercusión fue mínima. Tuve que ir “migrando” de una plataforma a otra, y he visto como nacían y crecían la mayoría de los grandes “mitos” de la red que ahora, en muchos casos, hablan de “la nueva televisión”, y otras moñadas (eso sí, siendo siempre más peyorativos que críticos, porque la moderación no ha sido nunca un reclamo eficaz). En 2006 sacamos una serie tosca y barata en TERRA TV, que pretendía convertirse en el primer canal de televisión por internet, así como cuatro programas de variedades, pero no funcionó. Otros también lo intentaron, con desigual éxito, pero le perdimos el miedo a lo que hoy parece ser una realidad, famiiarizándonos con los “streaming” y canales de vídeo por YOUTUBE…

En fin, lo digo porque me duele que se hable de lo que hacíamos como si viniéramos de otro planeta. No estoy de acuerdo. No es cierto.

Por supuesto que es mi visión, una egagrópila de las que me salen cuando me mosqueo por algo, de modo que es un texto subjetivo e intransferible.

 PD: Esto es lo que yo he vivido, otros seguro que han tenido experiencias similares, incluso anteriores a las nuestras. Para mi simplemente se trata de reconocer de dónde viene y a qué debemos cada cosa.

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Acerca de Felipe Mellizo

Soy guionista, casi periodista, padre, pareja, ex-golfo, ex-aventurero, comilón, bruto, y seguidor del Atlético de Madrid.
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