VEINTE AÑOS Y UN DÍA

El tiempo se contrae cuando lo dejamos atrás, pero sí, por corto que se nos hiciera han pasado ya más de veinte años desde el día en que Manolo Valdivia entró en el despacho cutre que teníamos en G.E.C.A, en la calle Infanta Mercedes, justo encima de la tienda de “lámparas Oliva”, para soltarme aquello de: “Mellizo, tenemos que hacer una serie para Emilio Aragón”. En ese momento, mi amigo y compañero de fatigas, Javier Pérez de Albéniz, que estaba sentado frente a mí, recordó que se tenía que ir a “nosequé” isla del Índico para hacer un reportaje de “El País” (Maldivas creo), y se esfumó con su epifanía dejándome a mi suerte [Con el paso de los años, y sabiamente, se hizo crítico, y nunca regresó a esta profesión]. Bien, pues esa misma noche, bloqueado, acudí a mi padre y le pedí ayuda (nunca he tenido muy claro nada, y entonces menos).Mi viejo no apreciaba mucho a mis conocidos, especialmente a los que tenían una visión “comercial” de la televisión, y me dijo: “El piano de Emilio es lo único digno que encuentro entre las aficiones de tus amigos” [Nunca tuvo buenas palabras para ellos, aunque sé que secretamente les valoraba más que a mi, normal], “Su supervivencia -la del piano, claro  está- es una metáfora de la vida del protagonista: Algo apreciado, pero incómodo de trasladar, y que requiere ser afinado cuando cambia de ubicación…” [Mi padre había coincidido con Emilio cuando estaba en los informativos de Tele 5,  y compartían el amor al piano -y el piano mismo- en algunos descansos, de modo que le parecía un bonito vehículo para facilitar la transición de una vida a otra del personaje de Nacho Martín, cuando decide mudarse en el capítulo I].

Así, partiendo de la idea de Emilio de hacer una serie con un padre de familia, al estilo “americano”, fue como empecé a escribir la “biblia” y poco después los capítulos de “Médico de familia”. Primero con Valdivia, luego junto a Cueto (que regresaba de un máster o similar en los USA, y había trabajado en paralelo con la gente de GLOBO), y más tarde con los guionistas Camacho y Doval. Tras una comida en LA DORADA se sumaron al “elenco” Ríos y Cabana. Poco después, faxes y denuncias mediante, tuvimos el juicio miserable aquel por supuesto plagio [Que me regaló unas anécdotas que siempre han sido muy celebradas, como el momento en el que Frade, quien decía haber sido plagiado, se sentó en el pasillo de los juzgados frente a nosotros -gran tensión-, o la del toxicómano y Emilio en el WC de Plaza de Castilla, cuando al reconocerle durante la micción, y sabedor de sus sanas costumbres, le preguntó “¿Me meas en el frasquito?”].  Luego llegaron los hermanos Pozuelo, Pablo Tébar (que ya llevaba un tiempo con nosotros),  Vidal, Royo, Venegas… El equipo de dirección de Daniel Écija (quien también participaba en las reuniones de creación), con Groizard, Del Cerro, Rodrigo, Bego, Arantxa…. Y el de producción, dirigido por Larraya, con Apolinario, Julia, Turón y Estefanía (Por no hablar de cámaras, ayudantes, y mil más que ahora son reconocidos y reputados profesionales en todas las áreas y productoras). Y poco a poco se fueron mejorando los guiones hasta que se empezó a grabar, y así hasta hoy.

FOtos primer equipo GLOBOGUION(Foto de 1995, en López de Hoyos 155: Valdivia, Ernesto P, César V, Juanvi P, Pablo T, Felipe M, Curro R, Felipe P, Antonio V, Nacho C, Manuel R, Juan Carlos C, y delante de todos Pilar N).

Muchos fuimos los que directamente participamos en aquella serie. No recuerdo a todos los compañeros,  y el IMDB es falso como un euro con dos caras, pero de entre mis colegas de guión -ademas de los mencionados- destacaría a Pilar Nadal (primera mujer de nuestro equipo de guión de ficción, la única mujer de la foto, y mi pareja), Ana Maroto, Rocío Martínez, Piedad Sancristóval, Itziar, V.García, Figuero, Pontón y Gema Muñoz, que son aquellos con los que más contacto tuve, porque entonces, los más viejos, salíamos pronto del equipo para preparar la siguiente biblia de la siguiente serie, -de modo que yo estuve editando y escribiendo en las dos primeras temporadas de “Médico de familia”, y me fui al cerrar el mapa de tramas de la tercera – (Y ya son 19 las series en las que he trabajado y se han emitido en TV, por viejo y bien relacionado más que por talentoso).

Estoy orgulloso de haber participado en aquello, y más aún de haber trabajado entonces con tantos grandes profesionales de todas las áreas (aunque con algunos me llevase regular).

Ahora bien: Es una opinión personal, pero hablando de aquellos principios lamento que no se reconozca nuestro trabajo. Creo que algunas “academias” del “saber audiovisual” hacen unas tremendas elipsis en sus planes docentes para evitar mencionar esos días, salvo si es para darnos porra, o compararnos con producciones que manejan realidades, presupuestos, y audiencias, muy distintas. Por eso, creo yo, nos encontramos con tanta frecuencia con jóvenes talentosos, que al despreciar “el TODO” pierden también aquello que después deben aprender a base de golpes de realidad.

Aunque suene a coña fuimos unos pioneros (junto a los equipos de otras producciones como Farmacia de Guardia). Sí. En todas las áreas. Creamos un sistema de producción que puede que no nos guste hoy en día, pero que era el único con el que se podían desarrollar series entonces, por pura economía, por sentido común… El modelo anterior era más elevado, por artesano (con una larga y exitosa tradición que no es necesario recordar), pero sus plazos de producción nada tenían que ver con los nuestros, y sí con los del cine.

A principios de los noventa la industria audiovisual estaba en pañales: Llevábamos ¡ocho! años emitiendo en color, y al frente de las cadenas estaban grandes -y antiguos- profesionales que desconocían las nuevas tecnologías, cuando no las despreciaban. Fue una dura lucha, pero ese modelo que surgió entonces está presente en todas las producciones españolas actuales. TODAS. Desde la página en blanco hasta el análisis de los resultados. Bebíamos de fuentes y experiencias personales, de los apuntes de Bochco, del cine, de nuestra intuición, hasta de Lope (y en mi caso de mi padre). Puede que nos inventásemos demasiadas reglas aparentemente absurdas, pero resultaba difícil explicar ciertas evidencias formales a algunos, y se tardaba menos en convencerles poniendo un nombre propio a una idea -o una referencia sorprendente, como la primera teoría de los “calcetines blancos” y el share-, añadiendo después datos y estadísticas incomprensibles (cuestión de FE. Si a un pastor de Palestina le digo que no coma de estos cerdos que corretean porque tienen enfermedades, no me creerá, pero si pongo un poco de artificio y le digo que es que lo dice Dios lo asumirá como LEY inviolable). Podría mencionaros varias, desde el efecto Phil Collins -la primera de todas-, o la norma de 3×3 (no más de tres líneas por diálogo, ni más de tres páginas poc secuencia), hasta el recordado “cuentapalabras”, aquella etapa en la que más que guionistas parecíamos miembros de una secta de “numerólogos”.

Entiendo que todo adelanto tecnológico en comunicación conlleva en su génesis un atraso cultural -por la pura necesidad de extenderlo lo más rápidamente posible-, y en ese sentido puede que nuestras tesis y desarrollos fueran muy básicos, costumbristas, sin “capas”, como lo eran las primeras impresiones salidas de las prensas de Gutemberg -La Biblia, el best seller de la época- [Cuando surgió el VÍDEO doméstico el porno triunfó, igual que pasó con internet. La comunicación en 140 caracteres ha reducido la calidad del diálogo, y el WSSP aún más…]. Pero en general es cuestión de tiempo que se estabilicen y mejoren los contenidos de esos “nuevos” canales, que aprendamos a utilizarlos y expresarnos de forma inteligente (por supuesto los hay que tardan más, y algunos no lo conseguirán nunca).

No se trata de sobrevalorar aquellos días: Hubo cosas buenas y malas, muy malas. La autoría se diluyó en los “equipos”, al igual que sucedía con la ineptitud. Pero lo peor de todo fue que las productoras -como seres impersonales- se hicieron con el control de los contenidos ofreciéndonos a cambio estabilidad laboral, lo que dice poco de nuestra confianza en nosotros mismos, creando un muro infranqueable entre los que generaban el producto audiovisual, y los que lo compraban. Las productoras tenían que aumentar sus beneficios por su propia y ambiciosa naturaleza, crecer, y eso siempre restaba  (y resta) presupuesto a las obras. Con la presión de los accionistas los márgenes se dispararon hasta porcentajes insanos, intolerables, y la calidad de las obras se estancó. Fueron años duros para la ficción. Se producía mucho, con presupuestos altos, pero el dinero desaparecía en esos márgenes insondables, y con el dinero la posibilidad de mejorar el trabajo.

Según yo lo veo la “crisis” ha sido un “borrón y cuenta nueva” en muchas de estas empresas. Algunas han cerrado, claro. Pero han surgido otras nuevas que supuestamente defienden más el contenido. Yo lo celebro. Teniendo en cuenta que un banco da… ¿0.0%? de interés por nuestro dinero, ¿cuál podría ser un margen razonable de beneficio para una producción? Me atrevo a poner un ejemplo de la avidez de las productoras que sé que ha sucedido: Una cadena paga cien a una productora para que haga un piloto, la productora coge cincuenta y se los guarda, y entrega los cincuenta restantes a un creativo para que haga un piloto, pero le dice que debe darle un beneficio de un 15% sobre esos cincuenta…  Eso es un porcentaje de… BOCHORNO.

La “crisis” ha creado un nuevo escenario. Las cadenas ahora quieren hablar con los que “hacen” las cosas porque quieren controlar su inversión, que no les den gato por liebre. La información, el famoso “know how”, está al alcance de cualquiera. Hay literatura en abundancia, redes que permiten que veamos lo que se hace en otros países -patrimonio que antes era exclusivo de unos pocos-, y muchos de los que competimos entre nosotros en pantalla somos amigos, y compartimos experiencias y aprendizajes. Luego cada uno crea lo suyo, pero no creemos ya en los misteriosos “diques de información”, o eso creo yo. La pena es que la información curricular que llega a oídos de los directivos suele estar manipulada conforme a los intereses de algunos cargos de las empresas, que ven que sin esas mentiras su papel es perfectamente prescindible y caro, muy caro, y al sentirse amenazados entran en bucles de manía persecutoria, alimentados por una baja autoestima, y la toman con cualquier creativo que trate de defender su dignidad, o que sea gordo, alto, bajo, feo…  Lo dicho, veinte años y un día, y parece que fuera ayer mismo.

primera de médico

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Acerca de Felipe Mellizo

Soy guionista, casi periodista, padre, pareja, ex-golfo, ex-aventurero, comilón, bruto, y seguidor del Atlético de Madrid.
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8 respuestas a VEINTE AÑOS Y UN DÍA

  1. DARTH V dijo:

    Fantástico, como todo lo que nos cuentas siempre, deberías escribir un libro, yo lo compraría!!! Pero antes, explícame lo de la teoría de Phil Collins por Dios!!!

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