“Yo mismo” y los pequeños fraudes…

El mundo de la comunicación ha sido siempre el escenario perfecto para grandes y pequeños fraudes, desde manipulaciones políticas con desastrosas consecuencias militares, hasta las más pueriles relaciones sentimentales inventadas en programas folletinescos. “Yo mismo” he sido testigo de bastantes, y protagonista de algunos. Estos días, leyendo comentarios publicados en páginas web y redes sociales, me han venido a la cabeza aquellas cartas que muchos enviaban a sus periódicos –primero-, y radios, cadenas de televisión, y productoras –después-, ensalzando el trabajo que “ellos mismos” habían hecho, pero ocultos tras seudónimos más o menos ocurrentes. Conozco muchos casos, decenas: Redactores que cambiaban de provincia para conseguir un matasellos diferente en su correspondencia;  familiares y amigos cómplices que llamaban para felicitar sinceramente a los autores de tal o cual reportaje u obra, supuestos admiradores/as que consideraban a los autores verdaderos “genios” de su generación y que no hubieran resistido el examen de un “grafólogo” primerizo, etcétera.

La “red” no sólo no es ajena a esos fraudes, sino que ha inventado nuevos, o “revisitado” antiguas trampas actualizándolas. Hubo un tiempo en el que “yo mismo” me recorrí los locutorios entrando en páginas web para alterar las descargas y visitas que recibía lo que “yo  mismo” escribía, como aquellos que compraban -y compran-, sus propios libros y discos para mejorar los datos (lástima que a mi no me sirvió más que para descubrir las muchas trampas de la medición de “audiencias” y descargas de las páginas web).

Volviendo a lo que me llevó a esta disertación (o egagrópila), es una pena que no se puedan contrastar públicamente las IP de los que opinan en los foros bajo seudónimos, nicks, y otros recursos, porque seguro que descubriríamos más de un “tramposo”. Por suerte hay una balumba de trolls, haters, adolescentes, y “adolescentados”, que compensan cualquier autobombo (generalmente innecesario) con estupideces negativas del mismo calibre (y en otras  ocasiones el mismo que se promociona, se dedica a menospreciar gratuitamente a los rivales, porque ya se sabe que se puede destacar por mérito propio, o demérito de los contrarios).

De modo que los pequeños fraudes están tan presentes en la red que en ocasiones llegan a anularse. Pero otras veces, las menos, esas trampas calan, son tomadas por verdades absolutas, e injustamente afectan al trabajo de aquellos que han decidido la vía más honrada de dejar a los demás que opinen, discutan y discurran con independencia, sin directrices, sin mentores, sin falsas teorías. Ojalá nuestras trampas quedaran al descubierto.

En cualquier caso: “habla bien de ti mismo, que con el tiempo se olvidarán de la fuente”.

Nada. No me centro.

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Acerca de Felipe Mellizo

Soy guionista, casi periodista, padre, pareja, ex-golfo, ex-aventurero, comilón, bruto, y seguidor del Atlético de Madrid.
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3 respuestas a “Yo mismo” y los pequeños fraudes…

  1. Anónima dijo:

    Oh, esto que has escrito es magnífico, ¡qué dominio del lenguaje, qué inventiva, qué mente más aguda!
    Ja ja.
    Y no soy tú, que conste.

    Adiós

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