SOBRE LA IDENTIDAD Y LA SUPLANTACIÓN

El ser humano avanzó durante siglos sin otro documento de identidad más que una estupenda gama de olores corporales –suficiente cuando uno sólo debe preocuparse por llenar la andorga, detectar al sexo opuesto, y evitar depredadores -. Aún así algún egocéntrico se las apañó para dejar sus huellas pintadas en las paredes de las cuevas, antes de abandonarlas en busca de nuevos horizontes.

Después, al hacerse el grupo humano más numeroso a base de fornicar, surgieron nuevas formas de decir que existíamos, hasta llegar a los retratos, la fotografía, y demás métodos de identificación que han alcanzado niveles enfermizamente infalibles con el ADN.

Por el camino se inventaron cientos de métodos más o menos acertados, como las marcas de nacimiento, los anillos y sellos familiares, las monedas, o las cicatrices y muescas de la piel (ya fueran fruto del azar, de peleas, deseadas -tatuajes- o forzosas –hechas al fuego para distinguirlos como traidores, presos, prostitutas, etcétera-).

Pero a pesar de nuestros esfuerzos por diferenciarnos siempre había alguien que se las apañaba para suplantar a un semejante, de un modo u otro. Algunos se aprovecharon de ello para hacerse con reinos enteros, otros consiguieron dinero y riquezas, y muchos más salvar sus vidas (y Uther Pendragon zumbarse a Igraine –aunque a mi me da que ella se hizo un poco la “sueca”-. Eso por no hablar de otras mitologías cercanas a nuestra cultura, para no herir susceptibililidades).

En nuestros días, y en nuestra cultura, a pesar de las precauciones sigue sucediendo. Somos tantos que resulta fácil hacerse un perfil falso. Incluso mantener dobles y triples vidas virtuales. El volumen de información es de tal magnitud que resulta complicado contrastar datos, porque muchas fuentes supuestamente fiables se han nutrido de datos no contrastados (IMDB, por ejemplo), y esas cadenas pueden generar monstruos de la ficción como “El pequeño Nicolás” o “La gran Anna Allen”.

Yo mismo he mentido (como un campeón), y “he sido mentido”. En mi profesión (guionista) resulta difícil contrastar los datos de un currículo (porque algunos trabajan en la semi-clandestinidad, y otros manipulan los documentos descaradamente por economía y/o ego). Alguna vez ha sido tan evidente la manipulación como que la persona a la que yo estaba entrevistando aseguraba haber trabajado con Felipe Mellizo, sin saber que ese tipo era yo (y no ha sido ni una, ni dos veces). [Conozco un caso, -y no es un mito: Sé quién es y él sabe que yo lo sé- de una/uno que fue a una caseta de la Feria del libro para que un “famoso” le dedicara el libro que ella/él había escrito. Por supuesto que se lo dedicó, y aún lo conserva con la rúbrica del falso autor, pero ese es otro cantar].

De modo que en ciertos sectores, cargados de vanidad, hay un riesgo elevado de mentira. El audiovisual/famoseo/artístico es uno, pero no es el único en un país en el que hasta los políticos mejoran sus notas, eliminan sus fracasos, se inventan títulos, y ocultan propiedades (un país de mentirosos).

Muchos hablan de este fenómeno como una consecuencia del uso y abuso de las redes sociales, pero la historia demuestra que no. Es algo que ha sucedido desde que se tuvo conciencia de la existencia “del otro”, independientemente de los canales que se usaran para extender la falsedad. Otros consideramos que contar nuestra vida en la red es suficiente garantía de veracidad, pero tampoco es así: Se puede mentir con descaro, siempre que se tengan las capacidades técnicas y fabuladoras necesarias, porque la mayoría de la humanidad evita el conflicto que supone entrar en el “muro del facebook” de alguien para señalar que lo que dice es falso, que la foto es un montaje, o que esa chica no fue su novia más allá de los cinco minutos que aguantó mirándola con la revista sujeta con ambas manos.

Pero claro, a veces las mentiras se nos van de las manos, como ha sucedido con Anna Allen (aunque yo no sé a quién le puede molestar, o dañar, que diga que ha trabajado aquí y allí, o que falsee unas fotos ¿Realmente es tan indignante?). Como venía a decir Umberto Eco en un viejo artículo, lo único inmutable, indiscutiblemente cierto, es la ficción, la historia tiene múltiples lecturas.

Bueno. Esto no va a ninguna parte, pero ejercito los dedos.

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Acerca de Felipe Mellizo

Soy guionista, casi periodista, padre, pareja, ex-golfo, ex-aventurero, comilón, bruto, y seguidor del Atlético de Madrid.
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Una respuesta a SOBRE LA IDENTIDAD Y LA SUPLANTACIÓN

  1. neusalc dijo:

    Hace poco discutíamos en un seminario universitario si las cuestiones referentes a la alteración de la identidad y del valor que se daba a la identidad entendida como la percepción que tienen los otros sobre ese “yo” eran recientes o si era un factor que venía ya dándose con anterioridad a las redes sociales. Las cuestiones identitarias remueven cualquier campo de estudio y vienen reproduciéndose desde hace tantos años que quizás pueda llegar a ser costoso concretarlo. Lo cierto es que, de algun modo, desde que tomamos conciencia de que la existencia de un “otro” que nos centramos en como esta persona nos percibe o en qué le va a gustar de nuestro “yo” más que en cómo nos pensamos a nosotros mismos.

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