De cómo está el patio audiovisual

De un tiempo a esta parte los que trabajamos en series de televisión de cualquier tipo hemos visto cómo crecía el control de los contenidos de ficción. Las cadenas han contratado a un buen número de correctores y ejecutivos para apoyar sus análisis y vigilar sus inversiones, y estos han generado infinidad de documentos con opiniones sobre los conceptos, presupuestos, tonos, temas, tramas, “castings”, realizaciones, dirección, etcétera, que hacen dudar a los directivos de cualquier proyecto que se les presente.

Por otra parte las propias productoras, algunas más que otras, asustadas por la exigencia de las cadenas, también han generado estructuras de análisis para defender sus argumentos con el mismo lenguaje, recurriendo a directivos, críticos, sociólogos, y otras especies de nuestra nutrida fauna audiovisual, que en ocasiones llegan desde mundos muy alejados de los contenidos, y desconocen las relaciones, modos, y valores de los profesionales que, por norma general, tienen más experiencia que ellos en la venta de series, aunque no pasasen por esas escuelas desnaturalizadas en donde sólo se habla de beneficios y despidos.

De modo que cuando una idea original nace, en cualquier víscera de un creativo o guionista (o sus madres, padres, primos, jefes víctimas de epifanías, etcétera), se enfrenta a un negro y espeso futuro, un camino en el que todos opinarán -de un modo poco inteligible, y menos objetivo aún-. Que una de esas ideas germine, y llegue a salvo a la emisión, es algo tan azaroso como improbable. Y claro, las productoras que mantienen los salarios de los guionistas –entre ellos yo- también lo llevan crudo. Y es que se supone que las cadenas tienen derecho a exigirles todos los cambios que sean necesarios sobre el papel, ajustando el formato a su gusto, o zarandeándolo segú soplen vientos políticos, económicos, o incluso de relaciones personales… ¡Bien! Hasta cierto punto es razonable, porque suponemos que los que lo analizan tienen tanta experiencia y criterio como los que lo generamos, ¡faltaría más!, y en cualquier caso son los que sueltan la pasta así que te callas. Pero además las cadenas ahora pueden rechazar la obra una vez grabado un piloto, o dos, o tres, dejando que el riesgo económico recaiga sobre las productoras, que se hipotecan para conseguir sacar adelante su negocio. Al hipotecarse dejan de tener fuerza para defender los formatos (que son ideas), y entran en la dinámica mortal de ceder a cualquier propuesta para salvar los muebles, pero sin garantías de que aún haciendo todos los cambios que les ordenen vayan a conseguir el contrato que les saque del agujero, porque si lograsen emitir la serie, y ésta no consiguiera el éxito deseado, cerrarían la producción, dejando a la productora con unas gigantescas deudas (la amortización de la preproducción, y de las primeras inversiones, como el decorado, hace prácticamente imposible sacar beneficio de una serie de largo recorrido hasta la segunda temporada). De la idea original, y el respeto a la integridad de una obra ni hablamos, porque simplemente no existe.

Estas rutinas van lastrando la economía de las productoras, mientras que las cadenas juegan con los formatos sin correr riesgos, ni generar empleos. EN cierto modo –quizá deberíamos decir que es una realidad evidente- las cadenas vampirizan a las productoras, y estas a los trabajadores, que inermes ven como sus sueldos merman, si es que son capaces de salvarlos.

Dijeron que las televisiones privadas traerían sana competencia, lo que dinamizaría el sector… FALSO. Dijeron que quitar la publicidad de la televisión pública ayudaría a estas nuevas cadenas a mantenerse… FALSO. ¿Qué arriesgan ellos? Una parte insignificante de su beneficio, si es que realmente pierden dinero cuando se emiten cuatro capítulos y se cierra la producción -yo no lo creo-.

Esto tiene mala pinta. Con la crisis han salido a relucir todas las miserias, como los muros de los pueblos anegados por los pantanos, y al final pagarán los de siempre, además de los contenidos. Como dice San Mateo “…A todo el que tiene, más se le dará, y tendrá en abundancia; pero al que no tiene, aún lo que tiene se le quitará”.

Yo propongo a las productoras que cuando en el futuro consigan unos acuerdos justos con las cadenas, y vuelvan a ganar dinero, procuren apoyar las ideas de sus creativos en lugar de sus ingresos. Puede que ese sea el camino para defender nuestra industria de las grandes empresas impersonales, fondos de inversión, y demás monstruos de la economía. Eso, o que las cadenas se decidan a generar sus propios contenidos y productos… si quieren.

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Acerca de Felipe Mellizo

Soy guionista, casi periodista, padre, pareja, ex-golfo, ex-aventurero, comilón, bruto, y seguidor del Atlético de Madrid.
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2 respuestas a De cómo está el patio audiovisual

  1. DARTH V dijo:

    Amén.. .algún día escribiré yo sobre lo que hacen al gremio de producción….

  2. Pingback: REGLAS DE ORO, ESTADO DEL AUDIOVISUAL ESPAÑOL Y OTROS ENLACES PARA EL FIN DE SEMANA | Bloguionistas

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