Escenas de Malasaña

Nunca presté mucha atención a eso de “ligar” –que básicamente consiste en marear la perdiz hasta que se folla, pero dándose importancia-. (Tampoco nací para esa disciplina). Como es un arte que desconozco me llama mucho la atención, y dedico los sentidos que aún me quedan a la observación de sujetos entregados a esos menesteres (para mí sobrevalorados).

En Malasaña es fácil disfrutar de esos curiosos procesos previos, gracias a la cantidad de gente en edad de procrear que visita el barrio, y a lo idiotas que son. Se les descubre en cuanto elevan el tono de voz, subrayando los nombres de personajes conocidos con estratégica frecuencia. Ese afán por conseguir una “audiencia imaginaria”, mediante el constante e innecesario “name dropping” es lo que llama mi –insana- atención.

Hoy he visto un caso de lo más singular; Ella mona, algo “perrofláutica” pero agradable. Él amorfo, fofo pero no gordo, ni feo ni guapo, sin huellas de haberse dedicado a ejercicio físico alguno, pero con huellas de no haberse empleado tampoco en ninguna de las variantes conocidas de gimnasia intelectual… Un idiota , pero un idiota con cipote… y arte.

Al tipo se le veía lanzado: Primero con frío, luego con calor, quitándose prendas hasta mostrar una preciosa camiseta de churrero, que dejaba al aire el plástico que cubría su primer tatuaje. Ella ha sacado una serie de recipientes de su zurrón, filtros y vasos, y los ha ido colocando sobre la mesa de la terraza en la que se habían sentado, mientras que él hablaba de la tele, de sus próximos proyectos cinematográficos, y de que le había contratado un conocido, que tiene un conocido, que un día se cruzó con la tía de un director de nombre  ininteligible, que se había enamorado de su trabajo  –Si fuera cierto un diez por ciento de lo que escucho en el barrio, la crisis de la industria audiovisual estaba resuelta-.

Ella ha pedido agua, pero en jarra, para filtrarla con sus complejos artilugios, no fuera a tener algo pernicioso, pero la camarera le ha dicho que en el menú entraba el agua mineral, desmontando de un plumazo su peculiar puesta en escena. (No hace falta decir que el agua de Madrid es excelente, y no es un tópico, sino el resultado de años de análisis y envidias de otros).

Había distancia entre ellos, hasta que él, que parecía tonto, le ha regalado una pulsera gris… horrible, y  ella, perpleja (si es de Bulgari seguro que no le hace ascos), se la ha puesto. El tipo se ha dado cuenta, y acercándose le ha dicho que no era una pulsera normal, sino el regalo de un santón en la India. Algo que le entregaron después de acompañar a una comitiva de religiosos, durante sus años de “ascetismo y búsqueda de su verdadero yo” (literal). Por lo visto -y oído-, fue acompañando a un elefante blanco -descendiente directo de Gamesh- hasta el lugar en donde debía morir, y cuando el paquidermo cerró los ojos un hombre santo pasó la pulsera por la trompa del elefante, y se la entregó a él como regalo, desvelándole que la pulsera se mantendría gris si se la daba a alguien con el que tuviera un vínculo especial… como ella.

Hostia, no os lo vais a creer. ¡Se han enrollado!

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Acerca de Felipe Mellizo

Soy guionista, casi periodista, padre, pareja, ex-golfo, ex-aventurero, comilón, bruto, y seguidor del Atlético de Madrid.
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4 respuestas a Escenas de Malasaña

  1. Moraleja: En Malasaña hay más cotillas que idiotas.

  2. Yo una vez ligué hablando de Jean Eustache. Eso sí, en el Camacho.

  3. DARTH V dijo:

    Jajajajajaja. No sabéis la suerte que tenéis en este aspecto al ser hombres, las mujeres tenemos que aguantar, como bien dices, a mucho imbécil…y si como nosotros (nos incluyo a los 3) nos movemos un poquito en este mundo de la farándula, los perroflautas, artistillas de poca monta y listos… se recogen a puñaos… yo siempre he dicho que no, porque no les soporto, pero rondarme me han rondado, y para lo único que me ha servido, ha sido para conocer a algún director de cine que no había oído en mi vida y cuyas películas me han ayudado a conciliar el sueño más de una vez…. Ay, divina juventud… lo malo es que estos tipejos no cambian.

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