“Esos de marrón, de qué colegio son”

Siempre he sido un espectador, no un actor. Pero por una maravillosa concatenación de golpes de fortuna he disfrutado de butacas en muchos grandes eventos de los últimos cuarenta años. AHora, viendo las manifestaciones en Valencia, he recordado mi relación con turbas y protestas de toda índole. Desde las huelgas de estudiantes de finales de los setenta, y aquellas concentraciones en Santamarca, a los “Hartales” en Dhaka, pasando por protestas de Seoúl, y las de “El cojo manteca”.

Esas últimas -contra las reformas de Maravall “un bote, dos botes, Maravall el que no bote”- son las que recuerdo con mayor intensidad. Todavía resuena en mis oídos el sordo sonido de las pelotas de goma al golpear la unidad movil de la emisora, mientras Juantxo y yo tapábamos el depósito de gasolina  -que alguien había abierto para sacar combustible incendiario-. Recuerdo las formaciones de policía y estudiantes, confrontadas, con los jóvenes gritando “esos de marrón, de qué colegio son”; las carreras por Chueca, y las motos de los agentes siendo derribadas en la esquina de Barquillo con la Gran vía.

Nunca recuerdo los resultados de las manifestaciones que me tocó cubrir. No sé si sirvieron para algo, o no;  Si les hicieron caso y por cuánto tiempo; si realmente hay algo interesante en ellos, o como decía Rudyard Kipling al respecto de los monos (En “La caza de Kaa” del verdadero “Libro de la selva”): se concentran durante unos minutos, como si estuvieran tomando grandes decisiones y abriendo intensos debates, para después olvidarse de ello y volver a comer plátanos.

Puede que a medio plazo estos arranques (indignados, estudiantes) sean inútiles, pero no concibo una generación sin ellos, y estoy convencido de que llevar la contraria al Estado, cada cierto tiempo, es una forma de sanearlo. Mi padre me decía que, teniendo en cuenta que las personas se equivocan más veces de las que aciertan, para ser mejores sólo debíamos llevar siempre la contraria.

Sospecho que en la política el éxito de aquella teoría es aún mayor.

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Acerca de Felipe Mellizo

Soy guionista, casi periodista, padre, pareja, ex-golfo, ex-aventurero, comilón, bruto, y seguidor del Atlético de Madrid.
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