CONTINUACIÓN “EL GRAMEEN BANK, YUNUS, Y UN SERVIDOR” PARTE II

[Es sólo un diario de viaje]

Objetivo Birmania: COMILLA
Al anochecer llegamos a un concurrido cruce de carreteras en el que se apiñaban varios quioscos, con sus correspondientes quiosqueros esperando no se sabe muy bien si a un cliente, o al monzón. Velas, farolillos y bombillas iluminan el sobrecargado interior, decorado con llamativos envases de jabón LUX, lo que da un punto POP muy divertido. Salimos de la carretera para entrar en un pasillo interminable de estos precarios establecimientos, entre los que encontramos algún bar con ventanas abatibles, abiertas, que dejan ver a los solitarios clientes que nos miran al pasar. Sorteando rickshaws llegamos hasta un hotel, o lo que sea. Al bajar de la furgoneta descubrimos un paisaje que nos recuerda a aquel de Blade Runner; sobrecargado, húmedo y ruidoso. Visitamos un primer hotel. No es peor que muchos de los que conocemos en España, hasta los mosquitos nos resultan familiares, aunque estos de aquí tienen peor fama. El hotel no nos gusta (no sé por qué, pero alguien lo veta). Volvemos al coche y cruzamos de nuevo el laberinto de callejones, adentrándonos en los campos colindantes para llegar a otro hotel, una residencia de alguna organización estatal en la que dormiremos.

Las redes de las ventanas son tupidas, blindadas contra los mosquitos (hambrientos como todos los seres vivos de éste país). Hemos comprado todo lo necesario para vencerles, aún sabiendo que perderemos la batalla otra vez. Después de luchar cuerpo a cuerpo con alguna cucaracha damos por terminada la jornada. Hoy no cenaremos comida bengalí: tenemos jamón ibérico que trajimos de “contrabando” -Las cosas de Jorge-… (Es curioso, pero el albergue me recuerda a las habitaciones de aquel padre claretiano al que conocimos en la isla de Annobón).

Llega la noche: Una mesa de lectura de madera, cama con mosquitero y un retrete con la curiosa singularidad de que desagua en el suelo… sí, directamente y sin posibilidad de que “lo vertido” pueda desplazarse a ningún otro lugar. Cada ciertos tiempo se escucha el silbido de un vigilante que ronda el edificio. Los grillos, -o el bicho que sea-, y algunas voces lejanas. Las habitaciones dan a un pasillo común en el que hay un recipiente con agua, presuntamente potable. Hemos hecho planes para el resto de los días, porque la huelga general del sábado nos hace reajustar las citas (se supone que son sumamente violentas). Los pájaros cantan de noche casi tanto como los grillos, y algún animal, probablemente una rana, hace un ruido similar al que hacen todos los que duermen cerca de mí, para que me calle cuando ronco.

He leído que en esta región se encuentran las tumbas de soldados japoneses y aliados que llegaron en el momento de máxima expansión del imperio japonés durante la Segunda Guerra mundial. ¡Coño, que es aquí, en donde estamos durmiendo! En este mismo sitio están las ruinas de unos monasterios budistas de los siglos VI al XIII.

03-04-2002
¡Esto es llover y lo demás son tonterías! Nos hemos despertado sobre las siete de la mañana con un gigantesco aguacero, una tormenta tropical. Estamos en un lugar precioso, lleno de verde que da asco. Salimos -sin desayunar- hacia las aldeas. El mismo saturado verde nos acompaña por el camino. Los pueblos que atravesamos siguen igual de sucios, pero con barro en vez de mierda… Vemos las primeras montañas (cerrillos más bien). Estamos cerca de Myamar. Nos detenemos en un poblado en el que hay un centro de reunión de los miembros de Grameen (vamos, que es el lugar en el que puntualmente tienen que devolver la pasta y reafirmar su fé en Grameen bank). Numerosos niños nos acompañan (es alucinante cómo nos miran; es una mezcla entre sorpresa y grima) Son las nueve de la mañana cuando empieza la reunión.

NILIMA BHUMIC
Mujer, de cuarenta años de edad. Pidió préstamos para comprar vaca, para construir una casa mejor y para abrir una tienda de ultramarinos. Con los créditos ha conseguido enviar a su hijo a estudiar. Ella quiere que sea médico en la propia aldea. Se siente absolutamente feliz con Grameen Bank.

FIROZA AKTER
También cuarenta años de edad. Están pagando un crédito de vivienda. Debe ser un crédito importante porque es la propietaria del terreno en el que está el meeting center. En cuanto se case su hijo va a darle una casa en el mismo solar. Posee tres vacas y veinticinco patos. Ha pedido diez préstamos ya y va a seguir haciéndolo para ampliar sus tierras.

MOFIZUR RAHMAN
Es el marido de Firoza. Un hombre delgado y alto para lo que se acostumbra a ver por aquí. Ha estado todo el tiempo con un bebé en brazos. Según nos cuenta Mofizur ella es quien lleva los asuntos financieros y él se dedica a trabajar el campo. Entraron en Grameen porque él lo sugirió. Dice que estaba convencido de que debían entrar, a pesar de que les dijeron que no lo hicieran, que era malo.

GHRI BALAH
Mujer de 45 años de edad. Pidió créditos para hacer “crispies” (pop rice). Lleva ya varios créditos, para vaca, arroz y casa. Cuando llego a Grameen estaba muerta de hambre, apenas podía alimentar a sus cuatro hijos. Había enviudado y estaba condenada a la mendicidad. Lleva siete años en Grameen. Ahora gana entre 4000 y 5000 TK.

ALEA BEGUM
Tiene veinte años y dos hijos (de dos y de un año). Empezó comprando una vaca para vender leche. Se apuntó por su marido. Compraron un rickshaw y lo han alquilado para tener una renta fija.

JOSHNA RANI DAS
Tiene veinte años. Es charlatana y guapa. Mira a los ojos. Cuenta que no tenía nada; ni casa, ni tierra, ni dinero. Su familia no pudo pagar dote por ella. Es huérfana y vive con una tía suya que era miembro de Grameen. Gracias a su tía consiguió estudiar. Tiene un hijo, que está en brazos de su sonriente tía. Es una chica muy coqueta.

GITA RANI
Tiene cuarenta años. Lleva diez en Grameen. Compró hace poco una vaca lechera. No tenían para comer, ni dónde caerse muertos. Sacaban algo cuando el marido conseguía trabajar de jornalero para otros, pero no era suficiente. Muerta de hambre se decidió a entrar en el Grameen por si misma (en el proceso una ONG cristiana le dijo que no lo hiciera, que no eran de fiar). Ahora lleva pedidos diez créditos. Los ha invertido en vacas, tierras y casa. También en una piscifactoría (lo que aquí llaman piscifactoría es un agujero, de tamaño variable, lleno de agua turbia y en el que se introducen alevines para que crezcan). Como curiosidad: aquí nunca dicen “tres hijos” siempre especifican por sexos, quizá como resultado de la tradición machista que considera a las hijas otra especie. Su hija mayor ya está casada.

MONZU RANI
Tiene 38 años. Lleva ocho en el Grameen bank. Ha pedido ocho créditos: uno de 7000 TK para un año de tierra (en alquiler) y de 8000 para una vaca en propiedad. Al ganar dinero pudo darle a su marido para que montase una tienda. Nunca se han sentido mal con el Grameen. Ni él, ni ella. Tienen tres hijas (una casada y las otras dos estudiando). Antes de entrar en Grameen vivían en una choza de barro y bambú, a merced de los temporales. Ahora tienen una casa con cuarto de baño (un beque con un barreño). Ella ha recomendado a otras mujeres entrar en el Grameen.

CÓMO ES UNA REUNIÓN DE GRUPO DE GRAMEEN
Una cabaña humilde. El suelo es de barro prensado y las paredes de caña y bambú. El techo está hecho con planchas metálicas. Sobre el suelo una serie de esterillas sobre las que se sientan todas. En el centro de la estancia hay una mesa y un banco para que se siente el jefe de la zona (en este caso un tío). Algunas mujeres son francamente guapas. Tras los saludos iniciales, con las habituales loas al Grameen bank, y al trabajo y esfuerzo de las mujeres, el jefe de zona comienza a repasar los libros de cuentas. Realiza algunas preguntas a las mujeres. Los niños se asoman por las ventanas, cortando el paso a la luz. Las mujeres llevan sandalias de goma (de las más cutres). Como sabían que veníamos se han puesto sus más preciados y coloristas saris, y los mejores pendientes que tienen (de oro amarillo, de un amarillo intenso). En el grupo hay más mujeres hindúes que musulmanas. Las musulmanas son más retraídas.

El jefe toma nota de los pagos de cada una. Las cuarenta están divididas en ocho grupos, de cinco mujeres cada uno. Una de las mujeres es jefe de grupo, y se encarga de recaudar y entregar al responsable de zona el dinero de sus préstamos. Otra de las mujeres (de las cuarenta) es la responsable de zona que rinde cuentas a los miembros del banco.

UNA FORMA EFICIENTE PARA GARANTIZAR EL COBRO O DEVOLUCIÓN DE LOS CRÉDITOS. EL ELEVADO PORCENTAJE DE DEVOLUCIÓN QUE VENDE YUNUS NO ES ALTO SÓLO PORQUE LOS POBRES SEAN HONRADOS, SINO POR ESTE EFICAZ SISTEMA DE VIGILANCIA Y PRESIÓN COMUNAL (TIENES QUE DAR LA CARA FRENTE A TUS COMPAÑERAS DE CRÉDITO, O ESTAS LA TENDRÁN QUE DAR POR TI).

El jefe, tras anotar y recoger el dinero de todas, explica una nueva norma: tienen que hacerse un seguro médico y un plan de pensiones (con seguro de vida). PARECE UNA FORMA DE GARANTIZAR EL FUTURO DE LA FAMILIA, ADEMÁS DE LOS PAGOS AL GRAMEEN. El jefe recuerda que los niños deben vacunarse contra la polio y asistir a la escuela. (Todo el acto está salpicado, nunca mejor dicho, por los gargajos y gargarismos de todos en general…).

El jefe les anima a conseguir más beneficio, o más rendimiento al capital. Algunas mujeres llevan niños en brazos, e incluso dan el pecho durante la reunión. Les anuncian que van a construir un centro de salud en la zona. Para ser beneficiarios de él tendrán que pagar 120 tk al año (150 para los no socios) y cinco tk por consulta. Tendrán ayudas para comprar las medicinas. Los estudiantes contarán también con un descuento notable durante diez años. (En un momento de la reunión una señora, desde fuera, pasa un niño a la primera del grupo. Se lo van pasando por todas hasta que llega a su madre). Al final de la reunión llega el momento de los ruegos y preguntas. Algunas quieren pedir un nuevo crédito. En concreto para una vaca. Para pedirlo se levantan la peticionaria, su jefa de equipo y la jefa de todo el grupo. Tras discutir acerca de si puede o no afrontarlo, y con el consentimiento y aval de las dos jefas, se decide aceptar la petición: El jefe de zona lo anota para dárselo la siguiente semana (antes firman todas las implicadas el documento de solicitud).

Entre las condiciones que ponen a las asistentes a estas reuniones está el que no pueden faltar a ellas más de dos veces en un año. Para finalizar el jefe hace que se levanten y vuelvan a invocar al “dios Grameen” varias veces… ¡joder qué colores tan bonitos y qué olor tan… tan..!

LA CASA DE JOSHNA RANI DAS
Según salimos del poblado, a través de una elevación del terreno que salva los empantanados arrozales, nos vamos a visitar la casa de Joshna (la simpática). Nos sigue un buen grupo de curiosos, siempre cuchicheando y riéndose. Nunca sabremos por qué, ni el qué cuchichean. Otros se dedican a caminar a nuestro lado, con las manos a la espalda, en un gesto serio (algo así como si fueran colegas del trabajo pensando en sus obligaciones).

Para llegar a la casa tenemos que pasar por una dura prueba: un paso de vaca hecho con cañas y bambú sobre el arrozal. Lo más curioso es que los capullos estos cruzan descalzos y a toda hostia, claro que ellos no pesan 110 kilos. A mi paso el bambú se arquea casi hasta tocar el agua, pero cruzo con un gesto de tranquilidad absolutamente forzado. Llegamos a la casa. La casa cuenta con luz eléctrica. Las paredes exteriores tienen algunos carteles políticos (una imagen repetida a lo largo y ancho de este país, casi tanto como los calendarios ¿por qué tienen tantos calendarios? He llegado a contar hasta seis en una misma estancia y nunca he visto un cuarto sin ellos… –respuesta evidente: no tienen otra cosa con qué dar color a las estancias).

Joshna dice que le gusta el cine (también tiene algún póster de películas) ve películas en la televisión de un vecino. El interior de la casa está limpio, dentro de lo que puede estar algo construido con cañas y barro. Dicen que tienen agua de un pozo cercano, pero no saben que su agua está contaminada con arsénico, como descubrimos después.

EMPRESARIAS DE ÉXITO
SOFIYA BEGUM
Tiene 32 años. Es una mujer de cara agradable, pero dura. Nos recibe en el patio de lo que es su casa y su empresa. Varias construcciones rodean una plaza en la que se extiende el grano de arroz para su secado y posterior descascarillado. Sofiya es una mujer trabajadora. Empezó con pequeños créditos con los que fue comprando arroz, tierra y vacas. Ahora es, en cierto modo, una potentada. Se dedica fundamentalmente a la elaboración de pop-rice (ese arroz inflado que nosotros conocemos como crispies). Su empresa va muy bien. Cuenta con cinco ayudantes, o contratados asalariados que al igual que ella trabajan de sol a sol (moviendo el arroz en recipientes de barro calientes dispuestos sobre un horno). Sus hijos estudian y cuentan con un tutor de refuerzo que en ocasiones pasa la noche allí (en una casita construida y preparada para este fin).

En su vivienda, bastante completa, hay numerosos libros de texto de sus hijos. En una pared colmada de calendarios tiene un premio enmarcado -otorgado por el Rey Balduino Bélgica y dotado con 2500 TK-. Sofiya tiene tres hijos, y un marido, que lleva el marketing de la empresa familiar. La mujer es abierta y tiene un rostro fuerte y expresivo.

CESTERÍA EN NAYANTALA
En un patio similar al anterior (el típico patio de vivienda de Bangladesh) nos esperan unas mujeres, elegantemente vestidas para la ocasión. La cestería, según nos cuentan, también da dinero. Todas las mujeres que trabajan en este lugar (seis) son miembros del Grameen bank. Este grupo se reúne los lunes.

Nos muestran cómo se hacen los canastos de mimbre. Sorprende, sobre todo, la habilidad que tienen en el manejo de las herramientas con los pies. No producen en cadena, sino artesanalmente, aunque una de ellas parece especializada en hacer tiras de una caña, pasándolas por el filo de una hoz sujeta entre los pies. (Sacan unas pequeñas sillas para que descansemos) Ellas se sientan en un pequeño taburete para trabajar. UNA NIÑA PEQUEÑA RECIBE UNA FOTO DE UNO DE LOS JEFES DEL GRAMEEN. ES UNA FOTO EN LA QUE ELLA ESTÁ CON UNA AMIGA. LA NIÑA, EMOCIONADA, SE LA MUESTRA A SUS AMIGOS. DURANTE EL TIEMPO QUE ESTUVIMOS ENTRE ELLOS NO LA SEPARÓ DE SU PECHO.

MAFIA BEGUM: LA JEFA DE LAS CESTAS
Nos cuenta que ella también tiene un premio del Rey Balduino. Lleva diez años en el Grameen Bank. Dice que sentiría alejarse de sus hijos, que estudian, pero que su deseo, y su sueño, es que se vayan a estudiar a la universidad.

SIARA KATHUN: LA REINA DEL MÓVIL
En el pueblo de Borura, no muy lejos de la cestería, está el locutorio telefónico de Siara Khatun (SIARA VILLAGE PHONE). Debo estar acostumbrándome al país, porque no me parece muy cutre. El lugar es simple, eso sí. Un pequeño despacho abierto a la calle, con una mesa frente a dos bancos de dos plazas. Por supuesto que en las paredes cuento hasta cinco calendarios. El negocio de esta mujer consiste en comprar un móvil, poner una antena exterior para facilitar la cobertura, y cobrar por las llamadas. El teléfono, un modelo antiguo, está sujeto a la mesa por el cable y por una cadenita de seguridad. Mientras hablamos con ella entran clientes y van llamando. Siara es joven y atractiva (uno de los clientes suelta una peste de escándalo, es como un santón en descomposición). Normalmente cobra 8-10 tk por el minuto de las llamadas locales y 20 tk por las largas. Su negocio, -ese día con la curiosidad le llenamos el local-, es de unas 10-12 llamadas locales/día y 3-5 largas/día.

Según nos cuenta, antes de pedir el crédito se dedicaban a trabajar para otros en las piscifactorías (lo de pescar en charcos). Han mantenido ese negocio, aunque ganan más con este. La mujer nos lleva a su casa, no lejos de allí. Tiene más gusto que las otras y ciertas comodidades: un juego de sofás, televisión e incluso un intercom para comunicarse con el locutorio telefónico.

CONDUCIR EN BORURA
Con la tormenta las calles del pueblo se habían convertido en un gran cola-cao. Esto añadía un elemento de riesgo más a la ya peligrosa conducción. Tras esquivar varios trillones de rickshaws llegamos a un callejón de bares típico. Nuestros guías -los del grameen y el conductor- decidieron bajar a comer en un chiringuito de esos en los que el vendedor espanta a las moscas con los pies, mientras se sienta en una pieza de vaca (o lo que sea). Nosotros, temiendo lo peor, dijimos que nos quedábamos en el coche, que ya comeríamos después o picaríamos algo de lo que Mr Bustos (nuestro productor, más conocido aquí por el SACA-TAKAS) había traído.

Nos quedamos allí, aparcados entre la marea humana que nos miraba con curiosidad. Empezábamos a acostumbrarnos. Sacamos el queso y otras viandas para pasar el rato cuando de pronto un autobús, de los que entran por donde sea, se nos echó encima. Empezaron a pitar y nos rodearon los curiosos. Un tipo se bajó del autobús para decirnos algo (no se le entendía muy bien, pero parecía que nos quería dar alguna información acerca de nuestras madres). Salimos de la furgoneta con gesto firme, fingiendo seguridad y buscamos al conductor por los tenderetes. Cuando llegó calmó a los del autobús (atiborrado hasta el techo de seres humanos) y maniobró para despejar el camino con tan mala fortuna que hundió la rueda delantera en un alcantarillado de calle que estaba tapado malamente con una piedra. ¡Pa qué más!

Todo Borura tenía una misión: Sacar el coche de los patosos turistas del agujero. Las caras de tensión de los ocupantes del autobús desaparecieron, y todos mostraban la mejor de sus sonrisas (por cierto, aquí todos tienen los dientes más blancos que la hostia). En cuanto se organizaron, que llevó su tiempo, sacaron el coche a pulso. Nosotros sonreímos, nos montamos y fuimos a dar una vuelta para ver en dónde nos aparcaba de nuevo el conductor. Por fin se hizo un hueco en una parada de rickshaws y pudimos seguir con el parmesano… eso sí; con quince tíos mirándonos por cada ventanilla…

CENTRO GRAMEEN EN BORURA
Hablemos de los centros Grameen: Son un coñazo. No por los empleados, sino por los jefes. Cada uno de ellos se siente obligado a darnos una entrevista, un té y un plátano. No tenemos nada contra eso, pero en un día podríamos reventar visitando centros. Para ellos, nuestra visita tiene mucha importancia y sienten que es el momento de quedar bien con los jefes. Lo triste es que quizá sean los ‘jefes’ los menos importantes para nosotros, y mucho menos ‘los jefes’ que ‘las jefas’.

Peor aún es el machismo que destilan y lo violentos que se sienten cuando te levantas para saludar a una mujer, o pides que ésta se siente para hablar contigo. Quizá seamos poco corteses, pero es para matarles.

El centro, y todos los centros Grameen, tiene una decoración austera. Seis mesas sólidas, archivadores, libros de contabilidad, calendarios, más calendarios… algunos guardan su bicicleta o su moto junto a la mesa de trabajo. Normalmente en el centro Grameen está prohibido fumar. Cuentan con un jefe de centro, su segundo, los jefes de zona y el personal administrativo.

En el caso de Borura nos hicieron una demostración de petición de crédito y de formación de grupos. En el centro Grameen había dos mujeres. Jóvenes y simpáticas, que no pudieron sentarse hasta que se les dio permiso. Jorge habló un rato con el jefe, para no hacerle de menos, y se fue hacia las dos muchachas, que se levantaron azoradas en cuanto vieron que se les acercaba el señor ese tan raro…

Las chicas no dejaban de sonreír, y siguieron sonriendo cuando Jorge les indicó que se sentaran. Son solteras (risitas), están en su periodo de prácticas (risitas) y desearían entrar en el organigrama de la central de Grameen en el futuro (risitas). Jorge se pone de los higadillos cuando los jefes censuran, o interrumpen, las palabras de las chicas. Así, con pisotones lingüísticos, nos enteramos de que todos conocen a Yunus porque va visitando los centros de vez en cuando. Las dos chicas son: REHANA AKTER y TASLINA AKTER. Para terminar nos hablaron de que tuvieron que pedir permiso a sus familias y que les costó convencerles. Nos despedimos y volvemos para Dhaka. Yo me duermo en el coche, pero me despierto a tiempo de ver a nuestros guías comprando melones desde la ventanilla del coche.

BAYERN 2 REAL MADRID 1
Agotados hemos cenado, y sin mediar palabra nos hemos subido a dormir. Estupendo el partido de cricket entre Nueva zelanda y el Reino Unido, pero me quedé sobado sin ver un wicket.

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Acerca de Felipe Mellizo

Soy guionista, casi periodista, padre, pareja, ex-golfo, ex-aventurero, comilón, bruto, y seguidor del Atlético de Madrid.
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2 respuestas a CONTINUACIÓN “EL GRAMEEN BANK, YUNUS, Y UN SERVIDOR” PARTE II

  1. Lorenzo Fuentesal dijo:

    Buenas Felipe,
    Hace meses que intento contactar con Grameen bank pero no lo he conseguido.
    ¿Sabrías decirme a donde me puedo dirigir para conseguir visitar el banco?
    Muchas gracias por haber contado la experiencia y gracias por la información que me puedas aportar!!

  2. No creo que sea fácil hoy, tal y como están las cosas. Evidentemente no llevé las gestiones ni los contactos. De todos modos te envío el link de su web, por si acaso.

    http://www.grameen-info.org/

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