Disertación sobre la Ley Sinde, el universo y todo lo demás.

A mi juicio hay dos grandes verdades en el cansino debate de las descargas: Primero que los que ganan pasta con el trabajo de otros deben pagar por ello, y segundo que a los gobiernos y demás administradores de la cultura no les mola nada el futuro que adivinan, con la información circulando sin control… de ellos.

Para empezar, lo de los derechos es una moñada al lado del asunto WIKILEAKS, pero ambos conflictos han servido para que los políticos tomen conciencia de que la red no es sólo un punto de intercambio de vídeos, pornografía y chistes de oficina, sino de información en mayúsculas, incluyendo aquella que desearían que no llegase a nuestros oídos. Y se han lanzado al ataque. 

Pero llegan tarde: El que todos y cada uno de nosotros nos convirtamos en nuestro propio administrador de cultura e información, a la vez que somos canal y generador de los productos que consumimos, se puede retrasar un poco; pero es tan previsible que suceda, como inevitable.

Eso es lo que tiene sin sueño a muchos prebostes, que utilizan el debate de las descargas para colocar en el tablero legal las piezas (o leyes) con las que pretenden controlar el futuro de la red. (De ahí que lleguen a un acuerdo PSOE, PP, y cualquier político con dos dedos de frente, porque está en juego el control de la información y la verdad).

Por mi parte odio a los intermediarios -porque tienen una natural querencia a considerarse imprescindibles (si no vitales), y por lo tanto a administrar, proteger y modificar productos fabricados por otros como si fueran propios, sin añadirles valor alguno (Desde el jefe de departamento y sus ayudantes, al empresario cultural, pasando por los dueños y responsables de los medios de comunicación, los proveedores como Telefónica, y las webs de descargas -evidentemente-)-. Lamento que en determinados bienes sean necesarios (comestibles, por ejemplo y por ahora), pero aún perdiendo pasta: Lo celebraré cuando desaparezcan.

Mientras tanto prefiero llevarme bien con ellos, porque ni los que producimos el ocio (De verdad; los que inventamos chistes malos, componemos malas canciones, o escribimos cuentos aburridos), ni los que lo consumimos (que somos todos como individuos), manejamos las cuentas de éste invento.

Por lo tanto ¡Vivan mis jefes! ¡Vivan los políticos! ¡Viva la ley Sinde!  ¡Viva la madre que me parió! Ah y ¡Viva el Atleti!

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Acerca de Felipe Mellizo

Soy guionista, casi periodista, padre, pareja, ex-golfo, ex-aventurero, comilón, bruto, y seguidor del Atlético de Madrid.
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